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  2.Prefacio.Elena G de White Clarifica los Temas
 

 

 
Libros de Elena G de White

Fe y Obras


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2.Elena G de Whiteclarifica los Temas:




Manuscrito general escrito en 1890 cuando se celebraba las asambleas ministeriales en  Battle Creek, archivado como Manuscrito 36 de 1890.  Y publicado en la Review and  Herald el 24 de febrero y el 3 de marzo de 1977.  Esta vital exposición clarificadora constituye una introducción apropiada para las 18  presentaciones que se publican a continuación, ordenadas en secuencia cronológica.

Dijo el apóstol Pablo: "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?... Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios" (1 Cor. 6: 9-11).  La ausencia de devoción, piedad y santificación del hombre externo viene por la negación de Cristo Jesús nuestra justicia.  El amor de Dios necesita ser constantemente cultivado...

Mientras una clase pervierte la doctrina de la justificación por la fe y deja de cumplir con las condiciones formuladas en la Palabra de Dios -"Si me amáis, guardad mis mandamientos"-, igualmente cometen un error semejante los que pretenden creer y obedecer los mandamientos de Dios pero se colocan en oposición a los preciosos rayos de luz -nuevos para ellos - que se reflejan de la cruz del Calvario.  La primera clase no ve las cosas maravillosas que tiene la ley de Dios para todos los que son hacedores de su Palabra.  Los otros cavilan sobre trivialidades y descuidan las cuestiones de más peso - la misericordia y el amor de Dios.

Muchos han perdido demasiado por no haber abierto los ojos de su entendimiento para discernir 13 las cosas asombrosas de la ley de Dios.  Por un lado, los religiosos extremistas en general han divorciado la Ley del Evangelio, mientras nosotros, por el otro lado, casi hemos hecho lo mismo desde otro punto de vista.  No hemos levantado delante de la gente la justicia de Cristo y el pleno significado de su gran plan de redención.  Hemos dejado a un lado a Cristo y su incomparable amor, introducido teorías y razonamientos, y predicado discursos argumentativos.

Hombres inconversos han ocupado los púlpitos para sermonear.  Sus propios corazones nunca han experimentado, mediante una fe viva, persistente y confiada, la dulce evidencia del perdón de sus pecados. ¿Cómo pueden, entonces, predicar el amor, la simpatía, el perdón. divino de todos los pecados? ¿Cómo pueden decir: "Mira y vive"?  Al contemplar la cruz del Calvario, ustedes tendrán el deseo de cargar la cruz.  El Redentor del mundo fue suspendido de la cruz del Calvario.  Miren al Salvador del mundo, en quien habitaba toda la plenitud de la Divinidad corporalmente. ¿Puede alguien contemplar el sacrificio del amado Hijo de Dios sin que su corazón se ablande y quebrante, listo para rendir a Dios el corazón y el alma?

Quede este punto completamente aclarado en cada mente: Si aceptamos a Cristo como Redentor, debemos aceptarlo como Soberano.  No podemos tener la seguridad y perfecta confianza en Cristo como nuestro Salvador hasta que lo reconozcamos como nuestro Rey y seamos obedientes a sus mandamientos.  Así demostramos nuestra lealtad a Dios.  Entonces nuestra fe sonará genuina, porque es una fe que obra.  Obra por amor.  Digan de corazón: "Señor, creo que tú moriste para redimir mi alma.  Si tú le has dado tal valor al alma como para ofrecer tu vida por la mía, yo voy a responder.  Entrego mi vida y todas 14 sus posibilidades, con toda mi debilidad, a tu cuidado".

La voluntad debe ser puesta en completa armonía con la voluntad de Dios.  Cuando se ha hecho esto, ningún rayo de luz que brille en el corazón y en las cámaras de la mente será resistido.  El alma no será obstruido con prejuicios que lleven a llamar tinieblas a la luz, y luz a las tinieblas.  La luz del cielo es bien recibida, como una luz que llena todos los recintos del alma.  Esto es entonar melodías a Dios.

Fe e incredulidad

¿Cuánto creemos de corazón? Alléguense a Dios, y Dios se allegará a ustedes.  Esto significa estar mucho con el Señor en oración.  Cuando los que se han ejercitado a sí mismos en el escepticismo y han acariciado la incredulidad, tejiendo dudas en su experiencia, son convencidas por el Espíritu de Dios, comprenden que es su deber personal confesar su incredulidad.  Abren sus corazones para aceptar la luz que se les ha enviado y cruzan por fe la línea que separa al pecado de la rectitud y a la duda de la fe.  Se consagran sin reservas a Dios, para seguir la luz de El en lugar de las chispas de su propia llama.  Al mantener su consagración, percibirá mayor luz y la luz aumentará más y más en brillo casta que el día sea perfecto.
La incredulidad que se acaricia en el alma tiene un poder hechizante. Las semillas de duda que han estado sembrando producirán su fruto, pero deben continuar desenterrando toda raíz, de incredulidad.  Cuando estas plantas venenosas son arrancadas, dejan de crecer por falta de alimento en palabra y acción.  El alma necesita que las preciosas plantas de la fe y el amor sean plantadas en el terreno del corazón y se entronicen allí. 15

Ideas confusas acerca de la salvación

¿Es posible que no entendamos que lo más costoso en el mundo es el pecado?  Su costo es la pureza de conciencia, que se pierda el favor de Dios y que el alma se separe de El, y finalmente la pérdida del cielo.  El pecado de ofender al Santo Espíritu de Dios y de caminar en oposición a El ha costado a demasiados la pérdida de su alma.

¿Quién puede medir las responsabilidades de la influencia de cada agente humano a quien nuestro Redentor ha comprado mediante el sacrificio de su propia vida? ¡Qué escena se presentará cuando el juicio comience y los libros sean abiertos para testificar acerca de la salvación o la perdición de cada alma!  Se requerirá la infalible decisión de Uno que ha vivido en humanidad, amado a la humanidad, dado su vida por la humanidad, para hacer la adjudicación final de las recompensas de los justos leales y el castigo de los desobedientes, los desleales e inicuos.  Al Hijo de Dios se le confía la definitiva calificación de la conducta y la responsabilidad de cada individuo.  Para los que han sido partícipes de los pecados de otros hombres y han actuado contra la decisión de Dios, ha de ser una escena de la más terrible solemnidad.

Una y otra vez me ha sido presentado el peligro de abrigar, como pueblo, ideas falsas sobre la justificación por la fe.  Por años se me ha mostrado que Satanás trabajaría de una manera especial para confundir las mentes en este punto. La ley de Dios ha sido ampliamente tratada y presentada a las congregaciones casi tan desprovista del conocimiento de Cristo Jesús y su relación con la ley como la ofrenda de Caín.  Se me ha mostrado que muchos no han llegado a la fe por causa de ideas mezcladas y confusas acerca de la salvación, porque los ministros han trabajado de una manera errónea para alcanzar los 16 corazones.  El punto que ha sido impreso por años en mi mente es la justicia imputada de Cristo.  Me asombra que éste no se haya convertido en el tema de disertación en nuestras iglesias por todo el territorio, cuando de manera tan constante me ha sido presentado con insistencia, y lo he hecho el tema de casi cada discurso y plática que he dado a la gente.

Al examinar mis escritos de hace quince y veinte años [hallo que] presentan el tema en la misma luz: que a quienes entran en la solemne y sagrada tarea del ministerio se los debería preparar, en primer lugar, con lecciones sobre las enseñanzas de Cristo y los apóstoles acerca de los principios vivientes de la piedad práctica.  Deben ser instruidos en cuanto a qué constituye la fe ferviente y viva.

Solamente por fe

Muchos hombres jóvenes que son enviados a la labor no entienden el plan de salvación ni qué es la verdadera conversión; en realidad, necesitan experimentar la conversión.  Precisamos ser iluminados en este punto, y los ministros necesitan ser educados para explayarse más particularmente en los temas que explican la verdadera conversión.  Todos los que son bautizados han de dar evidencia de que se han convertido.  No hay un punto que precisa ser considerado con más fervor, repetido con más frecuencia o establecido con más firmeza en la mente de todos, que la imposibilidad de que el hombre caído haga mérito alguno por sus propias obras, por buenas que éstas sean.  La salvación es solamente por fe en Cristo Jesús.

Cuando este asunto es considerado, nos duele el corazón al ver cuán triviales son las declaraciones de quienes deberían comprender el misterio de la piedad. 17 Hablan tan descuidadamente de las reales ideas de nuestros hermanos que profesan creer la verdad y enseñar la verdad.  Están tan lejos de los hechos reales, según han sido presentados delante de mí.  El enemigo ha enredado de tal manera sus mentes en la niebla y bruma de la mundanalidad y ésta parece tan impregnada en su entendimiento que se ha vuelto parte de su fe y carácter.  Solamente una nueva conversión puede transformarlos y motivarlos a que abandonen estas falsas ideas porque es precisamente esto lo que se me ha mostrado que son.  Se aferran a ellas como un hombre que se está ahogando lo hace a un salvavidas, para excitar hundirse y que su fe naufrague.

Cristo me ha dado palabras que hablar: "Deben nacer de nuevo, o nunca entrarán en el reino de los cielos".  Por consiguiente, todos los que tienen una correcta comprensión de este tema deberían abandonar su espíritu de controversia y buscar al Señor con todo su corazón.  Entonces hallarán a Cristo y podrán dar un carácter distintivo a su experiencia religiosa.  Deberían poner claramente este asunto -la sencillez de la verdadera piedad delante de la gente en cada discurso.  Esto tocará las cuerdas del corazón de toda alma hambrienta y sedienta que anhela obtener la seguridad de la esperanza y la fe y la perfecta confianza en Dios mediante nuestro Señor Jesucristo.

Sea hecho claro y manifiesto que no es posible mediante mérito de la criatura realizar cosa alguna en favor de nuestra posición delante de Dios o de la dádiva de Dios por nosotros.  Si la fe y las obras pudieran comprar el don de la salvación, entonces el Creador estaría obligado ante la criatura.  En este punto la falsedad tiene una oportunidad de ser aceptada como verdad.  Si algún hombre puede merecer la salvación por algo que pueda hacer, entonces está 18 en la misma posición del católico que cumple penitencia por sus pecados.  La salvación, en tal caso, es en cierto modo una obligación, que puede ganarse como un sueldo.  Si el hombre no puede, por ninguna de sus buenas obras, merecer la salvación, entonces ésta debe ser enteramente por gracia, recibida por el hombre como pecador porque acepta y cree en Jesús.  Es un don absolutamente gratuito. La justificación por la fe está más allá de controversias.  Y todo esta controversia termina tan pronto como se establece el punto de que los méritos de las buenas obras del hombre caído nunca puede procurarle la vida eterna.

Enteramente por gracia

La luz que he recibido de Dios coloca este importante tema más allá de todo interrogante en mi mente. La justificación es enteramente por gracia y no se consigue por ninguna obra que el hombre caído pueda realizar. El punto ha sido presentado delante de mí con claridad, que si el hombre rico tiene dinero y posesiones, y los ofrenda al Señor se introducen ideas falsos que estropean la ofrenda por pensar que merece el favor de Dios, que el Señor está obligado a considerarlo con especial benevolencia en virtud de su donación.

Ha sabido muy poca instrucción clara sobre este punto.  El Señor le ha prestado al hombre sus propios bienes en depósito -- medios que El requiere que le sean devueltos cuando su providencia lo manifieste y la edificación de su causa lo demande.  El Señor, dio el intelecto.  Dio la salud y la capacidad para obtener ganancias terrenales.  Creó las cosas de la tierra.  Manifiesta su poder divino para desarrollar todas sus riquezas.  Son sus frutos, de su propia labranza.  El dio el sol, las nubes, las lluvias, para hacer que la 19 vegetación floreciera.  Como siervos empleados por Dios, ustedes recogieron en su mies a fin de satisfacer sus necesidades de una manera económica y conservar el saldo a disposición de Dios.  Pueden decir con David: "Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos" (1 Crón. 21: 14).  Así que la satisfacción del mérito de la criatura no puede consistir en devolver al Señor lo que es suyo, porque siempre, fue su propiedad para ser usada según El en su providencia lo indicara.

Se pierde el favor de Dios

Por rebelión y apostasía el hombre perdió el favor de Dios; no sus derechos, porque él no podía tener valor excepto el que le fuera conferido por el amado Hijo de Dios.  Este punto debe ser entendido.  El hombre perdió esos privilegios que Dios en su misericordia le presentó como un don gratuito, un tesoro en depósito para ser usado en el avance de su causa y su gloria, para beneficiar a los seres que El había hecho.  En el momento cuando la criatura de Dios rehusó obedecer las leyes del reino de Dios, en ese momento se volvió desleal al gobierno del Creador y se hizo enteramente indigna de todas las bendiciones con que El la había favorecido.

Esta era la situación de la raza humana después que el hombre, por su transgresión, se divorció de Dios.  Entonces ya no tenía más derecho a una bocanada de aire, a un rayo de sol o a una partícula de alimento.  Y la razón por la cual el hombre no fue aniquilado, fue porque Dios lo amó de tal manera que otorgó el don de su amado Hijo para que El sufriera la penalidad de la transgresión.  Cristo estuvo dispuesto a convertirse en el fiador y sustituto del hombre a fin de que éste, mediante su incomparable gracia, pudiera tener otra oportunidad -una segunda 20 prueba-, teniendo la experiencia de Adán y Eva como una advertencia para que no transgredieran la ley de Dios como ellos lo hicieron.  Y en cuanto el hombre distinta las bendiciones de Dios en la dádiva del sol y la dádiva del alimento, debería inclinarse delante del alimento, debería inclinarse delante del  Hacedor en agradecido reconocimiento de que todas las cosas provienen de El. Todo lo que se le devuelve a Dios es tan sólo su propiedad, que El nos ha concedido.

El hombre quebrantó la ley de Dios, y por medio del Redentor se hicieron promesas nuevas y frescas sobre una base diferente.  Todas las bendiciones deben venir a través de un Mediador.  Ahora cada miembro de la familia humana está enteramente en las manos de Cristo, y todo lo que poseemos en esta vida presente ya sea dinero, casas, tierras, capacidad de razonar, fortaleza física, o facultades intelectuales y todas las bendiciones de la vida futura, han sido colocados en nuestra posesión como tesoros de Dios para que sean fielmente empleados en beneficio del hombre. Cada don tiene el sello de la cruz y lleva la imagen y el sobrescrito de Jesucristo.  Todas las cosas provienen de Dios.  Desde los beneficios más insignificantes hasta la mayor bendición, todo fluye por un único Canal: la mediación sobrehumana asperjada con la sangre cuyo valor supera todo cálculo porque era la vida de Dios en su Hijo.

Ahora bien, ninguna alma puede darle a Dios algo que ya no sea de El.  Recuerden esto: "Todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos" (1 Crón. 29: 14).  Esto debe ser presentado delante de la gente dondequiera que vamos: que nosotros no poseemos nada, ni podemos ofrecer cosa alguna en valor, en obras, en fe, que no hayamos recibido primeramente de Dios y sobre lo cual El puede en cualquier momento poner su mano y decir: "Esto es mío -dádivas y bendiciones y dotes que yo te confié, no para 21 enriquecerte, sino para que las uses sabiamente en beneficio del mundo".

Todo es de Dios

La creación pertenece a Dios.  El Señor podría, abandonando al hombre, detener su aliento al instante. Todo lo que el hombre es y todo lo que tiene, pertenece a Dios.  El mundo entero es de Dios.  Las casas que el hombre posee, sus conocimientos personales, todo lo que es valioso o brillante, es dotación de Dios.  Todo es obsequio suyo, que ha de serle devuelto ayudando a cultivar el corazón humano.  Las ofrendas más espléndidas pueden ser colocadas sobre el altar de Dios, y los hombres alabarán, exaltarán y cantarán loas al Dador por su liberalidad. ¿En qué?  "Todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos" (1 Crón. 29: 14).  Ninguna obra del hombre puede hacerlo acreedor del amor perdonador de Dios, pero cuando el amor de Dios penetra en el alma lo llevará a hacer las cosas que Dios siempre requirió y que él debería efectuar con placer.  Habrá hecho tan sólo lo que siempre fue su deber.

Los ángeles de Dios en el cielo, que nunca han caído, cumplen la voluntad del Señor continuamente.  Respecto de todo lo que hacen en sus afanosas diligencias de misericordia por nuestro mundo, protegiendo, guiando y cuidando por siglos a la obra de la creación de Dios tanto a los justos como a los injustos, pueden en verdad decir: "Todo es tuyo.  De lo recibido de tu mano te damos". ¡Oh, si el ojo humano pudiera vislumbrar el servicio de los ángeles! ¡Si la imaginación pudiera captar y explayarse en el servicio abundante y glorioso de los ángeles de Dios, y en los conflictos que sostienen en favor de los hombres a fin de protegerlos, guiarlos, ganarlos y liberarlos de las trampas de Satanás! ¡Cuán diferentes serían la conducta y el sentimiento religioso! 22

Mérito humano

Los mortales pueden hacer discursos abogando vehementemente por el mérito de la criatura, y cada hombre puede luchar por la supremacía, pero los tales simplemente no saben que todo el tiempo, en principio y en carácter están tergiversando la verdad de Jesús.  Se hallan en la niebla de la ofuscación.  Necesitan el precioso amor de Dios, ilustrado por el oro refinado en fuego: necesitan la vestidura blanca del carácter puro de Cristo; y necesitan el colirio celestial para poder discernir con asombro la absoluta inutilidad del mérito humano para ganar el galardón de la vida eterna.  Pueden poner a los pies de nuestro Redentor fervor en el trabajo e intenso realizaciones intelectuales elevadas y nobles, amplitud de entendimiento y la más profunda humildad; pero no hay una pizca más de gracia y talento que los que Dios dio al principio.  No debe entregarse nada menos que lo que el deber prescribe, y no puede entregarse un ápice más que lo que se ha recibido primero; y todo debe ser colocado sobre el fuego de la justicia de Cristo para purificarlo de su olor terrenal antes de que se eleve en una nube de incienso fragante al gran Jehová y sea aceptado como un suave perfume.

Me pregunto, ¿de qué manera puedo exponer este tema con exactitud?  El Señor Jesús imparte todas las facultades, toda la gracia, toda la contrición, todo buen impulso, todo el perdón de los pecados, al presentar su justicia para que el hombre la haga suya mediante una fe viva la cual también es el don de Dios.  Si ustedes reúnen todo lo que es bueno y santo y noble y amable en el hombre, y entonces lo presentan ante los ángeles de Dios como si desempeñara una parte en la salvación del alma humana o como un mérito, la proposición sería rechazada como una traición.  De pie ante la presencia de su Creador y mirando la insuperable gloria que envuelve su 23 persona, contemplan al Cordero de Dios entregado desde la fundación del mundo a una vida de humillación, para ser rechazado, despreciado y crucificado por los hombres pecaminosos. ¡Quién puede medir la infinitud del sacrificio!.

Por amor a nosotros Cristo se hizo pobre, para que por su pobreza pudiéramos ser hechos ricos.  Y todas las obras que el hombre puede rendir a Dios serán mucho menos que nada.  Mis súplicas son aceptas únicamente porque se apoyan en la justicia de Cristo.  La idea de hacer algo para merecer la gracia del perdón es una falacia del principio al fin.  "Señor, en mi mano no traigo valor alguno; simplemente a tu cruz me aferro".

Lo que el hombre no puede hacer

No le darán gloria alguna las proezas encomiables que el hombre pueda realizar.  Los hombres han caído en la costumbre de glorificar y exaltar a otros hombres.  Me estremezco cuando observo y oigo esta práctica, porque me han sido revelados no pocos casos en los cuales la vida familiar y la obra interior de los corazones de esos mismos hombres están llenos de egoísmo.  Son corruptos, contaminados, viles; y nada que proviene de todas sus realizaciones puede elevarlos delante de Dios, porque todo lo que hacen es una abominación ante su mirada.  No puede haber verdadera conversión sin el abandono del pecado, y no se discierne el carácter detestable del pecado.  Con una agudeza de percepción nunca alcanzada por la comprensión humana, ángeles de Dios observan que seres estorbados por influencias corruptoras, con almas y manos impuras, están decidiendo su destino por la eternidad; y sin embargo, muchos tienen escasa noción de lo que constituye el pecado y del remedio. 24 Oímos tantas cosas que se predican en relación con la conversión del alma que no son ciertas.  Se enseña a los hombres a pensar que si un ser humano se arrepiente será perdonado, suponiendo que el arrepentimiento es el camino, la puerta para entrar en el cielo; que el arrepentimiento tiene un cierto valor seguro para conseguirle, el perdón. Puede el hombre arrepentirse por sí mismo" No más de lo que puede perdonarse a sí mismo. Lágrimas, suspiros, resoluciones -- todo esto lo es sino el ejercicio apropiado de las facultades que Dios ha concedido al hombre, y apartamiento del pecado en la enmienda de una vida que es de Dios. ¿Dónde hay mérito en el hombre para ganar su salvación, o para poner delante de Dios algo que sea valioso o excelente? ¿Puede una ofrenda de dinero, casas o tierras colocarlo en la lista de los merecedores? ¡Imposible!
Es peligroso considerar que la justificación por la fe pone mérito en la fe.  Cuando aceptamos la justicia de Cristo como un regalo, somos justificados gratuitamente mediante la redención de Cristo. ¿Qué es fe?  "La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Heb. 11: 1).  Es el asentimiento de la mente a las palabras de Dios, que ciñe el corazón en voluntaria consagración y servicio a El, quien dio el entendimiento, enterneció el corazón, y tomó la iniciativa para atraer la mente a fin de que contemplara a Cristo en la cruz del Calvario.  La fe es rendir a Dios las facultades intelectuales, entregarle la mente y la voluntad, y hacer de Cristo la única puerta para entrar en el reino de los cielos.

Cuando los hombres comprenden que no pueden ganar la justificación por los méritos de sus propias obras, y con firme y completa confianza miran a Cristo como su única esperanza, no hay en sus vidas tanto del yo y tan poco de Jesús.  Las almas y los cuerpos están corrompidos y contaminados por el 25 pecado, el corazón está alejado de Dios; sin embargo, muchos luchan con su propia fuerza finita para ganar la salvación mediante buenas obras.  Piensan que Jesús obrará parte de la salvación, pero que ellos deben hacer el resto.  Los tales necesitan ver por fe la justicia de Cristo como su única esperanza para el tiempo y la eternidad.

Dios obra y el hombre obra

Dios ha dado a los hombres facultades y capacidades.  Dios obra y coopera con los dones que ha impartido al hombre, y el hombre, siendo partícipe de la naturaleza divina y realizando la obra de Cristo, puede ser vencedor y obtener la vida eterna.  El Señor no tiene intención de hacer la obra para cuyo cumplimiento ha dado facultades al hombre.  La parte del hombre debe ser realizada.  Debe ser un colaborador de Dios, llevando el yugo con Cristo, y aprendiendo de su mansedumbre y humildad.  Dios es el poder que todo lo controla.  El otorga los dones; el hombre los recibe y actúa con el poder de la gracia de Cristo como un agente viviente.

"Vosotros sois labranza de Dios" (1 Cor. 3: 9).  El corazón debe ser labrado, mejorado, arado, rastrillado y sembrado a fin de producir su fruto para Dios en buenas obras.  "Vosotros sois edificio de Dios".  No podemos edificar por nosotros mismos.  Hay un Poder fuera de nosotros que tiene que edificar la iglesia, poniendo ladrillo sobre ladrillo y cooperando siempre con las facultades y aptitudes dadas por Dios al hombre.  El Redentor debe hallar un hogar en su edificio.  Dios obra y el hombre obra.  Es necesario que continuamente se reciban los dones de Dios, para que pueda haber una entrega de estos dones con la misma liberalidad.  Es un continuo proceso de recibir y devolver.  El Señor ha provisto que el alma 26 reciba alimento de El, a fin de que sea nuevamente entregado en la realización de sus propósitos. Para que haya sobreabundancia, tiene que haber una recepción de divinidad en la humanidad. "Habitaré y andaré entre ellos" (2 Cor. 6: 16).

El templo del alma ha de ser sagrado, santo, puro e inmaculado. Debe haber una coparticipación, en la cual todo el poder es de Dios. La responsabilidad reside en nosotros. Debemos recibir en pensamientos y en sentimientos, para dar en expresión. La ley de la actividad humana y divina hace del receptor un obrero juntamente con Dios. Lleva al hombre a la posición donde puede, unido con la divinidad, hacer obras de Dios. La humanidad toca a la humanidad. La combinación del poder divino y el agente humano será un éxito completo, porque la justicia de Cristo lo realiza todo.

Poder sobrenatural para las obras naturales

La razón por la cual tantos dejan de ser obreros de éxito es que actúan como si Dios dependiera de ellos, y pretenden sugerirle a Dios qué debe hacer con ellos, en lugar de depender ellos de Dios. Ponen a un lado el poder sobrenatural y dejan de hacer la obra sobrenatural. Dependen todo el tiempo de sus propias facultades humanas y la de sus hermanos. Son estrechos en sí mismos y siempre están juzgando según su finita compresión humana. Necesitan elevarse, porque no tiene poder de lo alto. Dios nos da el cuerpo, la energía mental, el tiempo y la oportunidad de trabajar. Es necesario utilizar todos esos recursos al máximo. Combinando la humanidad y la divinidad se puede realizar una obra que durará por la eternidad. Cuando el hombre piensa que el Señor ha cometido un error en su caso particular, y elige su propia tarea, le espera la frustración. 27

"Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios"  (Efe. 2: .  Aquí hay verdad que desarrollará el tema en tu mente si no la cierras a los rayos de luz.  La vida eterna es un regalo infinito.  Esto la coloca fuera de la posibilidad de que nosotros la ganemos, porque es infinita.  Necesariamente tiene que ser un regalo.  Como regalo, tiene que ser recibida por fe, y a Dios debe ofrecerse la gratitud y la alabanza.  Una fe sólida no conducirá a persona alguna al fanatismo o a actuar como el siervo indolente.  El poder maléfico de Satanás induce a los hombres a mirarse a si mismos en lugar de contemplar a Jesús.  La justicia de Cristo debe estar delante de nosotros si la gloria del Señor llega a ser nuestra retaguardia.  Si hacemos la voluntad de Dios podemos recibir grandes bendiciones como un don gratuito del Señor, pero no porque haya mérito alguno en nosotros; éste no tiene valor.  Hagan la obra de Cristo, y ustedes honrarán a Dios y saldrán más que vencedores por medio de Aquel que nos ama y ha dado su vida por nosotros, para que pudiéramos tener vida y salvación en Cristo Jesús. 28
 




  

 
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