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  9.La Fe de las Obras van de la Mano
 

 

 
Libros de Elena G de White

Fe y Obras


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9.La Fe de las Obras van de la Mano:



Jesús murió para salvar a su pueblo de sus pecados, y la redención en Cristo significa cesar de transgredir la ley de Dios y liberarse de todo pecado; ningún corazón que está agitado de enemistad contra la ley de Dios está en armonía con Cristo, quien sufrió en el Calvario para vindicar y exaltar la ley delante del universo.

Los que hacen osadas pretensiones de santidad demuestran, por esto mismo, que no se ven a la luz de la ley; no están espiritualmente esclarecidos, y no aborrecen todo género de egoísmo y orgullo.  De sus labios contaminados por el pecado fluyen las contradictorias declaraciones: "Soy santo, soy impecable.  Jesús me enseña que si guardo la ley estoy destituido de la gracia.  La ley es un yugo de esclavitud".  El Señor dice: "Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas de la ciudad".  Deberíamos estudiar cuidadosamente la Palabra de Dios a fin de que podamos tomar decisiones correctas, y actuar consecuentemente; porque entonces obedeceremos la Palabra y estaremos en armonía con la santa ley de Dios.

No somos salvados por la ley, ni en desobediencia

Si bien debemos estar en armonía con la ley de Dios, no somos salvados por las obras de la ley sin embargo, no podemos ser salvados sin obediencia. 99 La ley es la norma por la cual se mide el carácter.  Pero no nos es posible guardar los mandamientos de Dios sin la gracia regeneradora de Cristo.  Sólo Jesús puede limpiarnos de todo pecado.  El no nos salva mediante la ley, pero tampoco nos salvará en desobediencia a la ley.

Nuestro amor a Cristo será proporcional a la profundidad de nuestra convicción de pecado, y por medio de la ley es el conocimiento del pecado.  Pero, cuando nos observamos a nosotros mismos, fijemos la mirada en Jesús, quien se dio a si mismo por nosotros a fin de redimirnos de toda iniquidad.  Mediante la fe apropiémonos de los méritos de Cristo, y la sangre purificadora del alma será aplicada.  Cuanto más claramente vemos los males y los peligros a los cuales hemos estado expuestos, más agradecidos hemos de estar por la liberación mediante Cristo.  El Evangelio de Cristo no da a los hombres licencia para transgredir la ley, porque fue a causa de la transgresión que las compuertas del infortunio se abrieron sobre nuestro mundo.

El pecado es tan maligno hoy como lo era en los días de Adán.  El Evangelio no promete el favor de Dios para nadie que quebrante impenitentemente su ley.  La depravación del corazón humano, la culpabilidad de la transgresión, la ruindad del pecado, todo es puesto de manifiesto por medio de la cruz donde Cristo ha aparejado para nosotros una vía de escape.

Una doctrina llena de engaño

La justificación propia es el peligro de esta era; separa al alma de Cristo.  Los que confían en su propia justicia no pueden entender cómo la salvación viene por medio de Cristo.  Al pecado llaman justicia, y a la justicia, pecado.  No perciben la malignidad de la transgresión, ni comprenden el terror de la ley; porque no respetan la norma moral de Dios. La razón 100 por la cual hay tantas conversiones espurias en estos días es porque hay una estimación muy baja de la ley de Dios.  En lugar de la norma divina de justicia, los hombres han erigido un patrón de su propia hechura por el cual miden el carácter.  Ven a través de un vidrio, oscuramente, y presentan ante la gente ideas falsas acerca de la santificación, estimulando así el egotismo, el orgullo y la justificación propia.  La doctrina de la santificación que muchos propugnan está llena de engaño, porque es halagadora del corazón humano; pero lo más bondadoso que se le puede predicar al pecador, es la verdad de los requerimientos obligatorios de la ley de Dios.  La fe y las obras deben ir de la mano; porque la fe sola, sin obras, es muerta.

La prueba de toda doctrina

El profeta declara una verdad por la cual podemos probar toda doctrina.  Dice: "¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isa. 8: 20).  Aunque el error abunda en el mundo, no hay razón para que los hombres permanezcan en el engaño.  La verdad es clara, y cuando se la compara con el error, se puede discernir su carácter.  Todos los súbditos de la gracia de Dios pueden comprender lo que se requiere de ellos.  Mediante la fe podemos conformar nuestras vidas a la norma de justicia, porque podemos apropiarnos de la justicia de Cristo.

El honesto buscador de la verdad encontrará en la Palabra de Dios la regla para la santificación genuina.  El apóstol dice: "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. . . Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del 101 pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.  Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu..  Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.  Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.  Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros" (Rom. 8: 1-9). 102
 




  

 
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