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  2.Advertencia contra una Santificacion Espurea
 

 

 
Libros de Elena G de White

Fe y Obras


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2.Advertencia contra una Santificacion Espurea:



Durante las reuniones de Orebro el Espíritu del Señor me ungió a presentar su ley como la gran norma de santidad y a advertir a la gente contra la moderna santificación espuria que tiene su origen en la adoración del yo en lugar de la sumisión a la voluntad de Dios.  Este error está inundando el mundo rápidamente, y como testigos de Dios seremos llamados a dar un decidido testimonio contra él.  Es uno de los engaños específicos de los postreros días y demostrará ser una tentación para todos los que creen en la verdad presente.  Los que no tienen su fe firmemente establecida en la Palabra de Dios serán extraviados.  Y la parte más triste de todo esto es que tan pocos de los que son engañados por este error hallan alguna vez el camino de regreso a la luz.

La Biblia es la norma por medio de la cual se han de probar las pretensiones de todos los que profesan santificación.  Jesús oró pidiendo que sus discípulos fueran santificados en la verdad, y dijo: "Tu palabra es verdad" (Juan 17: 17); mientras el salmista declara: "Tu ley les] la verdad" (Sal. 119: 142).  Todos los que son guiados por Dios manifestarán un elevado respeto por las Escrituras en las cuales se oye su voz.  Para los tales la Biblia será "útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Tim 3: 16, 17).  "Por sus frutos los conoceréis" (Mat. 7: 16). 52

No necesitamos otra evidencia para juzgar la santificación de los hombres; si temen no estar obedeciendo la voluntad de Dios en su integridad, si escuchan diligentemente su voz, confiando en su sabiduría y haciendo de la Palabra de Dios su consejero, entonces, aunque no hacen alarde de una bondad superior, podemos estar seguros de que están tratando de alcanzar la perfección del carácter cristiano.  Pero si los que pretenden ser santos hasta insinúan que ya no necesitan escudriñar las Escrituras, podemos declarar sin vacilación que su santificación es espuria.  Se están inclinando ante su propio entendimiento en vez de conformarse a la voluntad de Dios.

Qué exige Dios

Dios exige en la actualidad exactamente lo que exigió a la santa pareja en el Edén: obediencia perfecta a sus requerimientos.  Su ley permanece inmutable en todas las edades.  La gran norma de justicia presentada en el Antiguo Testamento no es rebajada en el Nuevo.  No es la función del Evangelio debilitar las demandas de la santa ley de Dios, sino elevar a los hombres para que puedan guardar sus preceptos.

La fe en Cristo que salva al alma no es lo que muchos presentan.  "Cree, cree es su pregón ; sólo cree en Cristo, y serás salvo.  Es lo único que necesitas hacer".  La fe verdadera, a la vez que confía enteramente en Cristo para la salvación, conducirá a la perfecta conformidad con la ley de Dios.  La fe se manifiesta en obras.  Y el apóstol Juan declara: "El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él" (1 Juan 2: 4).

Es inseguro confiar en sentimientos o impresiones; éstos no son guías confiables.  La ley de Dios es 53 la única norma correcta de santidad.  Por esta ley será juzgado el carácter.  Si alguien que busca la salvación preguntara: "Haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?", los modernos maestros de la santificación contestarían: "Tan sólo cree que Jesús te salvará".  Pero cuando a Cristo se le formuló esta pregunta, dijo: "¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?" Y cuando el que preguntaba replicó: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón . . . y a tu prójimo como a ti mismo", Jesús dijo: "Bien has respondido: haz esto, y vivirás" (Luc. 10: 25-28).

La verdadera santificación se evidenciará por una consideración concienzuda de todos los mandamientos de Dios, por un desarrollo cuidadoso de cada talento, por una conversación circunspecta, por revelar en cada acto la mansedumbre de Cristo.

Una santificación que aleja de la Biblia

Una cantidad de personas presentes en esta asamblea se adherían a la teoría popular de la santificación, y al exponerse las demandas de la ley de Dios y mostrarse el verdadero carácter de este error, un hombre se sintió tan ofendido que se levantó abruptamente y se retiró de la sala de reuniones.  Posteriormente supe que había venido de Estocolmo para asistir a la asamblea.  En una conversación con uno de nuestros pastores, el hombre afirmó que era perfecto y dijo que no necesitaba la Biblia, porque el Señor le indicaba directamente qué tenía que hacer; él estaba muy por encima de las enseñanzas de la Biblia. ¿Qué puede esperarse de los que siguen sus propias imaginaciones en lugar de la Palabra de Dios, sino que serán engañados? Los tales desechan el único detector de errores, y ¿qué impedirá que el gran engañador los lleve cautivos a su voluntad? 54

Este hombre representa una clase.  La santificación espuria directamente aleja de la Biblia.  La religión es reducida a una fábula.  Sentimientos e impresiones se erigen en criterio.  Mientras profesan ser impecables y se vanaglorian de su rectitud, los que presumen de santos enseñan que los hombres están en libertad de transgredir la ley de Dios y que los que obedecen sus preceptos han sido destituidos de la gracia.  Una presentación de las demandas de la ley levanta su oposición y excita su ira y desprecio.  De ese modo revelan su carácter, por cuanto "los designios de la carne son enemistad contra Dios: porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden" (Rom. 8: 7).

El verdadero seguidor de Cristo no hará jactanciosas proclamaciones de santidad.  El pecador es convencido de pecado por la ley de Dios.  Ve su propia pecaminosidad en contraste con la perfecta justicia que la ley prescribe, y esto lo lleva a la humildad y el arrepentimiento.  Se reconcilia con Dios por medio de la sangre de Cristo y al continuar caminando con El, obtendrá una comprensión más nítida de la santidad del carácter de Dios y de la naturaleza trascendente de sus requerimientos.  Verá más claramente sus propios defectos y sentirá la necesidad de un continuo arrepentimiento y una fe constante en la sangre de Cristo.

El que lleva consigo un permanente sentido de la presencia de Cristo no puede entregarse a la confianza en sí mismo o a la justificación propia.  Ninguno de los profetas o apóstoles formularon orgullosas pretensiones de santidad.  Cuanto más se acercaron a la perfección del carácter, menos dignos y justos se vieron a sí mismos.  Pero los que tienen la menor comprensión de la perfección de Jesús, cuyos ojos están menos dirigidos a El, son los que pretenden con más vehemencia ser perfectos. 55
 




  

 
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