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  5.Prefacio.Elena White traza claramente las Lineas:
 

 

 
Libros de Elena G de White

Fe y Obras


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5.Elena White traza claramente las Lineas:




Parte de su sermón pronunciado en Worcester, Massachusetts, el 31 de julio de 1885, titulado "La verdadera norma de santidad".  Publicado en la Review and Herald el 25 de agosto de 1885.

La pregunta que ahora ha de formularse es: ¿Están los profesos seguidores de Cristo satisfaciendo las condiciones en relación con las cuales la bendición es pronunciada? ¿Se están separando del mundo en espíritu y en práctica? ¡Cuán difícil es salir y apartarse de hábitos y costumbres mundanales!  Mas pongamos mucho cuidado para que Satanás no nos seduzca y engañe por medio de falsas representaciones.  Aquí están en juego intereses eternos.  Las demandas de Dios deberían ocupar el primer lugar; sus requerimientos deberían recibir nuestra principal atención.

Cada descendiente del Adán caído debe, mediante la gracia transformadora de Cristo, llegar a ser obediente a todos los requerimientos de Dios.  Muchos cierran sus ojos a las más claras enseñanzas de su Palabra porque la cruz se interpone directamente en el camino.  Si la levantan, van a parecer peculiares ante los ojos del mundo; y vacilan, preguntan y buscan algún pretexto por el cual puedan evitar la cruz.  Satanás está siempre listo, y presenta razones plausibles por las cuales no sería lo mejor obedecer la Palabra de Dios exactamente como reza.  Las almas son fatalmente engañadas.

Un engaño exitoso

Uno de los engaños más exitosos de Satanás es inducir a los hombres a pretender que están santificados 41 mientras viven en desobediencia a los mandamientos de Dios.  Los tales son descriptos por Jesús como los que dirán: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?"

Aunque los que pretenden estar santificados tienen mucho que decir acerca de ser salvados por la sangre de Jesús, su santificación no es por medio de la verdad tal como es con Jesús.  Mientras proclaman creer en El, y aparentemente realizan obras maravillosas en su nombre, ignorar la ley de su Padre y sirven como agentes del gran adversario de las almas parra llevar a cabo la tarea que éste comenzó en el Edén: la de presentar excusas aceptables para río obedecer a Dios sin reserva.  Su obra de inducir a los hombres a deshonrar a Dios pasando por alto su ley, un día será expuesta delante de ellos con sus verdaderos resultados.

Los requisitos para la vida eterna están presentados tan claramente en la Palabra de Dios que nadie necesita errar, a menos que escojan el error en vez de la verdad porque sus almas no santificadas aman las tinieblas más que la luz.

El intérprete de la ley que fue a Cristo con la pregunta: "Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?", pensó atraparlo, pero Jesús devolvió la carga al doctor de la ley.  "¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?  Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo".  Entonces Cristo dijo: "Bien has respondido; haz esto, y vivirás" (Luc. 10: 25-28).  Estas palabras convienen a todos los casos individuales. ¿Estamos dispuestos a cumplir con los requisitos? ¿Obedeceremos a Dios y guardaremos sus mandamientos? ¿Seremos hacedores de la 42 Palabra y no meramente oidores?  La ley de Dios es tan inmutable o inalterable como su carácter.  Cualquier cosa que los hombres puedan decir o hacer para invalidarla, no modifica sus requerimientos ni los exonera de su obligación de obedecer.

Necesitamos cada día esclarecimiento divino; deberíamos orar como lo hizo David: "Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley" (Sal. 119: 18).  Dios tendrá un pueblo sobre la tierra que vindicará su honor al respetar todos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos, no son un yugo de servidumbre.  David oró en sus días: "Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley" (vers. 126).

Ninguno de nosotros puede permitirse deshonrar a Dios viviendo en transgresión de su ley.  Descuidar la Biblia y entregarnos a la consecución de tesoros mundanales constituye una pérdida inestimable.  Sólo la eternidad ha de revelar el gran sacrificio que muchos han realizado para obtener honor mundanal y comodidades terrenales al precio de la pérdida del alma, la pérdida de riquezas eternales.  Pudieron haber tenido esa vida que se mide con la vida de Dios; pues Jesús murió a fin de poner a su alcance las bendiciones y los tesoros del cielo, para que pudieran no ser considerados pobres y desventurados y miserables en la elevada estimación de la eternidad.

Nadie que quebrante los mandamientos entrará

Nadie que haya recibido la luz de la verdad y quebrante los mandamientos entrará en la ciudad de Dios. Su ley constituye el fundamento de su gobierno en la tierra y en el cielo.  Los que conscientemente hayan pisoteado y despreciado su ley en la tierra, no serán llevados al cielo para que allí hagan la 43 misma obra; no se producirá un cambio de carácter cuando Cristo venga.

La edificación del carácter ha de proseguir durante las horas de prueba.  Día tras día nuestras acciones son registradas en los libros del cielo, y en el gran día de Dios seremos recompensados según hayan sido nuestras obras.  Entonces se verá quién recibe la bendición.  "Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad" (Apoc. 22: 14, versión Reina-Valera de 1909).

Los que se levantan contra la ley de Dios están en guerra contra Dios mismo; y muchos que están llenos de la mayor amargura contra el pueblo de Dios que guarda los mandamientos, hacen la más aparatosa ostentación de vivir vidas santas e inmaculadas.  Esto puede explicarse solamente de una manera: no tienen espejo en el cual mirarse para descubrir la deformidad de sus caracteres.  Ni José, ni Daniel ni ninguno de los apóstoles pretendieron ser impecables.  Los hombres que han vivido más cerca de Dios, los hombres que habrían sacrificado la vida misma antes que pecar deliberadamente contra El, los hombres a quienes Dios ha honrado con luz y poder divinos, se han reconocido a sí mismos como pecadores, indignos de sus grandes mercedes.  Han sentido su debilidad y, pesarosos por sus pecados, han tratado de imitar al modelo: Cristo Jesús.

Sólo dos clases: obedientes y desobedientes

Hay sólo dos clases de personas sobre la tierra: los obedientes hijos de Dios y los desobedientes.  En una ocasión Cristo presentó ante sus oyentes la obra del juicio de esta manera: "Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las 44 naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.  Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

"Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.  Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis: estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

"Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?  Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (Mat. 25: 31-40).

Así Cristo identifica su interés con el de la humanidad sufriente.  Considera cada atención prodigada a sus criaturas, como realizada personalmente en su favor.  Los que pretenden poseer la moderna santificación se adelantarían jactanciosamente, diciendo: "Señor, Señor, ¿no nos conoces? ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Las personas aquí descriptas, que formulan estas pretensiosas reclamaciones, aparentemente entrelazando a Jesús en todas sus acciones, representan de mancha adecuada a los que alegan poseer la moderna santificación pero están en guerra con la ley de Dios.  Cristo los llama hacedores de iniquidad porque son engañadores, que tienen el manto de la santidad para ocultar la deformidad de sus caracteres, la perversión interior de sus corazones impuros. 45

Satanás ha descendido en estos días finales para obrar con todo engaño de impiedad en los que perecen.  Su majestad satánica realiza milagros a la vista de los falsos profetas, a la vista de los hombres, pretendiendo ser verdaderamente Cristo mismo.  Satanás dota con su poder a los que le ayudan en sus engaños  por consiguiente, los que aseveran tener el gran poder de Dios sólo pueden ser discernidos por el gran detector: la ley de Jehová.  El Señor, nos advierte, que si les fuera posible engañaría a los mismos escogidos.  El ropaje de oveja parece tan real, tan genuino, que el lobo puede distinguirse únicamente cuando acudimos a la gran norma moral de Dios y allí descubrimos que sois transgresores de la ley de Jehová.

Si alguna vez hubo un tiempo, es ahora

Si alguna vez hubo un tiempo cuando necesitamos fe y esclarecimiento espiritual, es ahora.  Los que están velando en oración y escudriñando las Escrituras diariamente con un ferviente deseo de conocer y hacer, la voluntad de Dios, no serán desviados por ninguno de los engaños de Satanás.  Sólo ellos discernirán el pretexto que hombres arteros adoptan para seducir y entrampar.  Se dedica tanto tiempo y atención al mundo, al vestido y a la comida y a la bebida, que no se deja tiempo para la oración y el estudio de las Escritura.

Queremos la verdad en cada punto, y debemos buscarla como a tesoros escondidos.  Por doquier se nos presentan atrayentes fábulas, Y los hombres escogen creer en el error antes que en la verdad porque la aceptación de la verdad entraña una cruz.  El yo debe ser negado; el yo debe ser crucificado.  Por eso, Satanás les presenta un camino más fácil invalidando la ley de Dios.  Cuando Dios deja al hombre librado a su propio rumbo, es para éste la hora más 46 tenebrosa de su vida.  Porque dejar que una criatura obstinada y desobediente tome su propio sendero, que siga la inclinación de su propia mente y acumule las oscuras nubes del juicio de Dios a su alrededor, es algo terrible.

Pero Satanás tiene sus agentes que son demasiado orgullosos para arrepentirse y que están constantemente en acción para echar por tierra y hollar la causa de Jehová. ¡Qué día de aflicción y desesperación, cuando tengan que hacer frente a su obra con toda su carga de consecuencias. Almas que podrían haber sido salvadas para Jesucristo, se habrán perdido por sus enseñanzas e influencia.

Cristo murió por ellos, para que pudieran tener vida. Abrió delante de ellos el camino por el cual podrían, mediante los méritos de Jesús, guardar la ley de Dios. Dice Cristo: "Yo conozco tus obras; he aquí he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar" (Apoc. 3: . Cuán arduamente tratan los hombre de cerrar esa puerta; pero no pueden. el testimonio de Juan es: "Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto de veía en su templo" (Apoc 11: 19). Debajo del propiciatorio, dentro del arca, estaban las dos tablas de piedra que contenían la Ley de Jehová. Los fieles de Dios  veían la luz que emanaba de la ley, para ser dada al mundo. Y ahora la intensa actividad de Satanás tiene el propósito de cerrar esa puerta de luz; pero Jesús dice que nadie puede cerrarla. Los hombres se apartarán de la luz, la atacarán y despreciarán, pero aún resplandece con rayos claros y nítidos para animar y bendecir a todos los que la contemplan.

Los hijos de Dios tendrán una fiera lucha con el adversario de las almas, y se volverá extremadamente encarnizada a medida que nos acercamos a la culminación del conflicto.  Pero el Señor ayudará a los que se levanten en defensa de su verdad. 47
 




  

 
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