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  1.Fe y Obras
 

 

 
Libros de Elena G de White

Fe y Obras


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6.Fe y Obras:




Disertación  matinal pronunciada en Basilea, Suiza, el 17 de septiembre de 1885.  Publicada en Sings of the Times el 16 de junio de 1890.

"Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Heb. 11: 6).  Hay muchos en el mundo cristiano que sostienen que todo lo que se necesita para la salvación es tener fe; las obras nada son, lo único esencial es la fe.  Pero la Palabra de Dios nos dice que la fe sola, sin obras, es muerta.  Muchos rehúsan obedecer los mandamientos de Dios, mas hacen mucho hincapié en la fe.  Empero la fe debe tener un fundamento.

Todas las promesas de Dios son condicionales.  Si hacemos su voluntad, si caminamos en la verdad, entonces podemos pedir lo que queramos, y nos será dado.  Cuando tratamos fervorosamente de ser obedientes, Dios escucha nuestras peticiones; pero El no nos bendecirá si estamos en desobediencia.  Si escogemos desobedecer sus mandamientos, podemos gritar "Fe, fe, solamente fe", y la respuesta vendrá de la segura Palabra de Dios: "La fe sin obras es muerta" (Sant. 2: 20).  Una fe tal sólo será como metal que resuena y címbalo que retiñe.  Para tener los beneficios de la gracia de Dios, debemos hacer nuestra parte; debemos trabajar fielmente y producir frutos dignos de arrepentimiento.

Somos obreros juntamente con Dios.  No hemos de sentarnos con indolencia, a la espera de alguna gran ocasión, para hacer una obra importante por el Maestro.  No hemos de descuidar el deber que está directamente en nuestro camino, sino que hemos de 48 aprovechar las pequeñas oportunidades que se presentan a nuestro alrededor ...

Luchar, trabajar y esforzarnos

Debemos hacer todo lo que está de nuestra parte para pelear la buena batalla de la fe.  Debemos luchar, trabajar, esforzarnos y agonizar para entrar por la puerta estrecha.  Debemos poner al Señor siempre delante de nosotros.  Con manos limpias, con corazones puros, debemos tratar de honrar a Dios en todos nuestros caminos.  Se ha provisto ayuda para nosotros por medio de Aquel que es poderoso para salvar.  El espíritu de verdad y luz nos vivificará y renovará mediante sus misteriosas operaciones; porque todo nuestro progreso espiritual proviene de Dios, no de nosotros mismos.  El obrero verdadero tendrá el poder divino en su ayuda, pero el indolente no será sostenido por el Espíritu de Dios.
En un sentido somos librados a nuestras propias energías; debemos luchar con ahínco para ser celosos y arrepentirnos, para limpiar nuestras manos y purificar nuestros corazones de toda mancha; debemos alcanzar la norma más elevada, creyendo que Dios nos ayudará en nuestros esfuerzos.  Si hemos de hallar, debemos buscar, y buscar con fe; debemos llamar, para que la puerta pueda abrirse ante nosotros.  La Biblia enseña que todo lo referente a nuestra salvación depende de nuestro propio curso de acción.  Si perecemos, la responsabilidad yacerá enteramente en nosotros mismos.  Si se ha hecho provisión, y si aceptamos los términos de Dios, podemos apropiarnos de la vida eterna.  Debemos acudir a Cristo con fe, debemos ser diligentes para hacer nuestra vocación y elección seguras.

Se promete el perdón de los pecados al que se arrepiente y cree; la corona de vida será el galardón 49 del que es fiel hasta el fin.  Podemos crecer en la gracia desarrollándonos por medio de la gracia que ya tenemos.  Debemos mantenernos sin mancha del mundo si hemos de ser hallados sin culpa en el día de Dios.  La fe y las obras van de la mano; actúan armoniosamente en la empresa de alcanzar la victoria.  Las obras sin fe son muertas, y la fe sin obras es muerta.  Las obras jamás van a salvarnos; son los méritos de Cristo los que contarán en nuestro favor.  Mediante la fe en El, Cristo hará que todos nuestros imperfectos esfuerzos sean aceptables para Dios.  La fe que se requiere que tengamos no es una fe de no hacer nada; fe salvadora es la que obra por amor y purifica el alma.  El que eleve a Dios manos santas sin ira ni duda, caminará inteligentemente en la senda de los mandamientos de Dios.

Si hemos de hallar perdón por nuestros pecados, primero debemos tener conciencia de lo que es el pecado, para que podamos arrepentirnos y producir frutos dignos de arrepentimiento.  Debemos tener un fundamento sólido para nuestra fe; debe fundarse en la Palabra de Dios, y sus resultados se manifestarán en obediencia a la voluntad revelada de Dios.  Dice el apóstol: "Sin... [santidad] nadie verá al Señor" (Heb. 12: 14).

La fe y las obras nos mantendrán equilibrados y nos darán el éxito en la tarea de perfeccionar el carácter cristiano.  Jesús dice: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mat. 7: 21).  Refiriéndose al alimento temporal, el apóstol dijo:"Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma" (2 Tes. 3: 10).  La misma regla se aplica a nuestra nutrición espiritual; si alguno ha de tener el pan de vida eterna, que haga esfuerzos para obtenerlo. 50

Estamos viviendo en un período importante e interesante de la historia de esta tierra.  Necesitamos más fe que la que hemos tenido hasta ahora; necesitamos un sostén más firme de lo alto.  Satanás está obrando con todo poder para obtener la victoria sobre nosotros, porque sabe que no tiene sino un corto tiempo para trabajar.  Pablo se Esforzó con temor y temblor para obtener su salvación; ¿y no debiéramos temer nosotros, no sea que permaneciendo aún la promesa alguno de nosotros parezca no haberla alcanzado, y nos demostremos indignos de la vida eterna?  Deberíamos velar en oración, luchando con esfuerzo agonizante para entrar por la puerta estrecha.

Jesús suple nuestra deficiencia

No hay excusa para el pecado o por la indolencia.  Jesús ha señalado el camino, y desea que sigamos sus pisadas.  El ha sufrido.  El se ha sacrificado como ninguno de nosotros puede hacerlo, para poder poner la salvación a nuestro alcance.  No necesitamos desanimarnos.  Jesús vino a nuestro mundo para poner a disposición del hombre el poder divino, a fin de que mediante su gracia pudiéramos ser transformados a su semejanza.

Cuando está en el corazón el propósito de obedecer a Dios, cuando se realizan esfuerzos con ese fin, Jesús acepta esta disposición y esos esfuerzos como el mejor servicio del hombre, y suple la deficiencia con su propio mérito divino.  Pero no aceptará a los que pretenden tener fe en El y sin embargo son desleales a los mandamientos de su Padre.  Oímos hablar mucho acerca de la fe, pero necesitamos oír mucho más acerca de las obras.  Muchos están engañando a sus propias almas al vivir una religión cómoda, complaciente, sin cruz.

Pero Jesús dice: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mat. 16: 24). 51 
 




  

 
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