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Libros de Elena G de White

A fin de Conocerle


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Junio:



…Martes 1º de Junio UN NUEVO CANTO EN NUESTRO CORAZÓN
Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.  Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová. (Sal. 40: 3.)
El que cree en Cristo se hace uno con Cristo para mostrar la gloria de Dios, pues Dios ha puesto un nuevo cántico en su boca, una alabanza al Señor. Diariamente desea conocer más de Cristo para que pueda llegar a ser más como él.  Discierne las cosas espirituales y disfruta de la contemplación de Cristo; y al contemplarlo, es transformado imperceptiblemente a la imagen de Cristo... No hace depender la aceptación de Dios de lo que el pueda hacer, sino que descansa completamente en los méritos de la justicia de Cristo.  Sin embargo, sabe que no puede ser negligente y ser hijo de Dios.  Escudriña las Escrituras que testifican de Cristo ante él, que lo presentan como el Modelo perfecto...
Ante su mente se despliega una verdad preciosa, y la recibe en el santuario íntimo de su alma.  Las atracciones del mundo le resultan insípidas pues la gloria y el valor de la eternidad se abren ante él.  Puede decir con el apóstol:   "No hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios" (1 Cor. 2: 12).
El que tiene una experiencia genuina en las cosas de Dios, no será indiferente para los que están en tinieblas, sino que preguntará: ¿Qué diría Jesús a estas pobres almas necesitadas?  Procurará hacer brillar su luz.  Orará en procura de sabiduría, gracia y tacto, para saber hablar una palabra en sazón al cansado.  En lugar de ocuparse de conversar de cosas baladíes, de chancear y bromear, será un mayordomo fiel de la gracia de Dios, aprovechará al máximo sus oportunidades, y la semilla sembrada brotará y dará frutos para vida eterna.  El tesoro de la verdad está en su corazón y puede producir buenas cosas (Youth's Instructor, 22-12-1892). 161
Miércoles 2 de junio NO HAY QUE DETENERSE
Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra: gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.  ( 2 Ped. 1: 1, 2.)
¡Qué gran tema es el de la contemplación de la justicia de Dios y nuestro Salvador Jesucristo! El contemplar a Cristo y su justicia no deja lugar para la justificación propia, para la glorificación del yo.  No hay lugar para las detenciones en este capítulo. Hay un continuo avance en cada etapa del conocimiento de Cristo. La vida eterna es mediante el conocimiento de Cristo. Jesús dice en su oración: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17: 3).  Hemos de gloriarnos en Dios... "Por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: el que se gloria, gloríese en el Señor" (1 Cor. 1: 30, 31) ....
Hemos sido llamados al conocimiento de Cristo y esto es el conocimiento de la gloria y la virtud.  Es un conocimiento de la perfección del carácter divino, manifestado a nosotros en Jesucristo, lo que hace posible que tengamos comunión con Dios. Por las grandes y preciosas promesas hemos de llegar a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que está en el mundo por la concupiscencia.
¡Qué posibilidades se presentan ante los jóvenes que se aferran de las divinas seguridades de la Palabra de Dios!  Apenas puede comprender la mente humana lo que es la anchura y profundidad y altura de las adquisiciones espirituales que se pueden alcanzar al llegar a ser participantes de la naturaleza divina. El ser humano que presta obediencia a Dios, que llega a ser participante de la naturaleza divina, halla placer en guardar los mandamientos de Dios, porque es uno con Dios; mantiene una relación tan vital con Dios, como el Hijo con el Padre (Youth's Instructor, 24-10- 1895). 162
Jueves 3 de junio SUMANDO Y MULTIPLICANDO
Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.  (2 Ped. 1: 3.)
Aunque somos débiles y pecadores mortales, podemos alcanzar la gloria y la virtud aprendiendo diariamente lecciones en la escuela de Cristo, siendo transformados a la imagen divina, manifestando su excelencia de carácter, sumando una gracia a otra gracia, subiendo peldaño tras peldaño la escalera que conduce al cielo, llegando a ser completos en el Amado. Cuando trabajemos en el plan de la suma, añadiendo por fe una gracia a otra gracia,  Dios actuará en el plan de la multiplicación y nos multiplicará gracia y paz...
Si nuestros jóvenes obedecieran las reglas presentadas en este capítulo y las practicaran, ¡qué influencia ejercerían para la justicia!... La ley que han transgredido no sería más un yugo de servidumbre, sino sería la ley de libertad, la libertad filial.  Habiéndose arrepentido ante Dios, habiendo ejercido fe en Cristo, han experimentado el perdón y estiman la ley de Dios más que el oro, sí, más que el oro fino.
Jesús es el que lleva los pecados.  Quita nuestros pecados y nos hace participantes de su santidad. ¡Qué tierno y compasivo amor habita en el corazón de Cristo hacia los que ha comprado con su sangre!  Puede salvar hasta lo sumo a todos los que acuden a Dios mediante él. Hay poder en estas preciosas promesas, y debiéramos cooperar con la obra de Cristo, dedicando todos nuestros talentos recibidos de Dios al servicio del Maestro, para que el Espíritu Santo pueda trabajar mediante nosotros para la gloria y honra de Cristo.
Los alumnos debieran tener una idea creciente de lo que significa ser cristiano.  Ser cristiano significa aprender en la escuela de Cristo.  Significa la relación del alma, mente y cuerpo con la sabiduría divina.  Cuando existe esta unión entre el alma y Dios, somos enseñados de Dios (Youth's Instructor, 31-10-1895). 163
Viernes 4 de junio CUANDO ESTÁIS CRECIENDO
Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad.  Amén.  (2 Ped. 3: 18.)
Al crecer en Jesús, los jóvenes tienen el privilegio de crecer en la gracia y conocimiento espirituales.  Podemos conocer más y más de Jesús mediante el escudriñamiento de las Escrituras efectuado con interés y si luego seguimos las sendas de verdad y justicia, allí reveladas.  Los que siempre crecen en la gracia, serán constantes en la fe y progresarán.  Debiera haber un ferviente deseo en el corazón de cada joven que se ha propuesto ser discípulo de Jesucristo, de alcanzar la más elevada norma cristiana, de ser obrero con Cristo.  Avanzará continuamente, si su propósito es el de pertenecer a aquellos que se presentarán sin mácula delante del trono de Dios.  La única forma de mantenerse constante es mediante el progreso diario en la vida divina.  La fe se aumentará si vencemos con ella a las dudas y los obstáculos cuando entramos en conflicto con ellos... Si estáis creciendo en la gracia y el conocimiento de Jesucristo, aprovecharéis de cada privilegio y oportunidad para obtener un mayor conocimiento de la vida y el carácter de Cristo.
La fe en Cristo crecerá cuando conozcáis a vuestro Redentor, meditando en su vida inmaculada y su infinito amor... Cuando crezcáis en la gracia, os sentiréis inclinados a asistir a las reuniones religiosas, gozosamente daréis testimonio del amor de Cristo delante de la congregación.  Por su gracia, Dios puede hacer prudente al joven y puede dar conocimiento y experiencia a los niños.  Ellos pueden crecer diariamente en la gracia... Sea elevado vuestro propósito en la vida, como lo hicieron José, Daniel y Moisés; y tomad en cuenta el costo de la edificación del carácter, y entonces edificad para el tiempo y la eternidad... Al hacer esta obra para vosotros mismos, estáis teniendo influencia sobre muchos otros... ¡Cuán buenas son las palabras habladas en sazón! ¡Cuánta fortaleza dará una palabra de esperanza, valor y determinación! (Youth's Instructor, 1-9-1886). 164
Sábado 5 de junio ALCANZAD LA ESTATURA DE CRISTO
Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. (Efe. 4: 13.)
Las tremendas consecuencias de la eternidad demandan de nosotros algo más que una religión imaginaria.  Una majestuosa forma de culto y ceremonias de mucha apariencia no constituyen una luz para el mundo; y sin embargo la verdad que es considerada y admirada en la misma forma en que se estiman un bello cuadro y una hermosa flor, y que no entra en el santuario íntimo del alma, es considerada por muchos como todo lo que se requiere en un adorador...
Seremos salvados eternamente cuando entremos por las puertas de la ciudad.  Entonces podremos regocijarnos de que somos salvados, eternamente salvados. Pero hasta entonces necesitamos prestar oídos a la admonición del apóstol: "Temamos, pues, no sea que permaneciendo aun la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado"  (Heb. 4: 1).  Tener un conocimiento de Canaán, cantar los himnos de Canaán, regocijarse en la perspectiva de entrar en Canaán, no llevó a los hijos de Israel hasta las viñas y olivares de la tierra prometida. Tan solo podían hacerla suya en verdad ocupándola, cumpliendo con las condiciones, ejerciendo  fe viviente en Dios,  aferrándose de sus promesas...
Cristo es el autor y consumador de nuestra fe, y cuando nos entregamos en sus manos creceremos continuamente en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador. Progresaremos hasta que lleguemos a la estatura plena de hombres y mujeres en Cristo. La fe obra por el amor y purifica el alma, eliminando el amor al pecado que conduce a la rebelión contra la ley de Dios y a su transgresión... El carácter se transforma por medio de la obra del Espíritu Santo, y la mente y la voluntad del ser humano se colocan en perfecta conformidad con la voluntad divina, y esto está de acuerdo con la norma divina de justicia (Youth's Instructor, 17-2- 1898). 165
Domingo 6 de junio ¿ESTAS CRECIENDO TU?
Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.  (Efe. 4: 15.)
No es una verdadera evidencia de que tú seas cristiano el que tus emociones se conmuevan o tu espíritu se conmueva por la verdad, la pregunta es: ¿Estás creciendo en Cristo, tu cabeza viviente? ¿Se manifiesta en tu vida la gracia de Cristo?  Dios da su gracia a los hombres para que ellos deseen más de su gracia. La gracia de Dios siempre obra en el corazón humano y cuando se la recibe, la evidencia de su recepción aparecerá en la vida y el carácter del que la recibe, pues se verá la vida espiritual que se desarrolla en lo interior. La gracia de Cristo en el corazón siempre promoverá la vida espiritual y se efectuará un avance espiritual. Todos necesitamos un Salvador personal o pereceremos en nuestros pecados. Desde lo íntimo del alma, hagámonos la pregunta: ¿Estamos creciendo en Cristo, nuestra cabeza viviente? ¿Estoy ganando un conocimiento mayor de Dios y de Jesucristo a quien él ha enviado?  No vemos las plantas que crecen en el campo, y sin embargo estamos seguros de que crecen, y ¿no hemos de conocer en cuanto a nuestra fortaleza y crecimiento espirituales? (Review and Herald, 24-5-1892).
Cuando seamos verdaderamente cristianos, nuestro corazón estará lleno de mansedumbre, cortesía y bondad, porque Jesús ha perdonado nuestros pecados. Como niños obedientes recibiremos y apreciaremos los preceptos que nos ha dado y asistiremos a los ritos que ha instituido. Continuamente procuraremos obtener un conocimiento de Cristo.  Su ejemplo será la regla de nuestra vida. Los que son discípulos de Cristo tomarán la obra donde él la dejó y la harán avanzar en su nombre. No imitarán las palabras, el espíritu ni las prácticas de nadie, sino de Cristo. Sus ojos estarán sobre el capitán de su salvación. Su voluntad es la ley de ellos. Y a medida que avancen, verán cada vez más claramente el rostro de Cristo, su carácter, su gloria (Review and Herald, 4-8-1891). 166
Lunes 7 de junio DESARROLLO Y FRUCTIFICACIÓN
Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo.  (Fil. 1: 9, 10.)
El deseo del Señor es que sus seguidores crezcan en gracia, que su amor abunde más y más, que estén llenos de los frutos de justicia... Donde hay vida, habrá crecimiento y fructificación; pero a menos que crezcamos en la gracia, nuestra espiritualidad se empequeñecerá, será enfermiza, estéril. Sólo mediante el crecimiento y la fructificación podemos cumplir el propósito de Dios para nosotros. Cristo dijo: "En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto"  (Juan 15: .  A fin de llevar mucho fruto, debemos aprovechar al máximo nuestros privilegios. Debemos usar cada oportunidad que se nos concede para fortalecernos.
A cada ser humano le ha sido preparado un carácter puro y noble con todas sus majestuosas posibilidades.  Pero hay muchos que no tienen un anhelo ferviente de tal carácter. No están dispuestos a apartarse del mal para poder tener el bien. Dentro de su alcance hay grandes oportunidades, pero descuidan el aferrarse de las bendiciones que los pondrían en armonía con Dios. Van en contra de la voluntad de aquel que procura su bien.  Son ramas muertas que no tienen una unión viviente con la Vida. No pueden crecer.
La dadivosidad es uno de los planes divinos para el crecimiento. El cristiano ha de ganar fortaleza fortaleciendo a otros. "El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado" (Prov. 11: 25).  Esta no es meramente una promesa. Es una ley divina, una ley por la cual Dios establece que los arroyos de benevolencia fluyan continuamente de vuelta hacia su fuente, como las aguas de lo profundo se mantienen en constante circulación (Signs of the Times, 12-6-1901). 167
Martes 8 de junio SEÑALES DE LA VERDADERA SANTIFICACIÓN
Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.  (1 Tes. 5: 23.)
La obra de la santificación comienza en el corazón y debemos relacionarnos de tal forma con Dios que Jesús pueda poner su molde divino sobre nosotros. Debemos vaciarnos del yo a fin de dar lugar para Jesús, pero son muchos los que tienen su corazón tan lleno de ídolos que no tienen lugar para el Redentor del mundo. El mundo mantiene en cautiverio el corazón de los hombres. Enfocan sus pensamientos y afectos en sus negocios, su posición, su familia, se aferran a sus opiniones y modos de proceder y los acarician como a ídolos en el alma... Debemos vaciarnos del yo.  Pero no es esto todo lo que se requiere; pues cuando hayamos renunciado a nuestros ídolos, el vacío debe ser llenado...
Cuando vaciáis el corazón del yo, debéis aceptar la justicia de Cristo.  Aferraos a ella por fe... Si abrís la puerta del corazón, Jesús llenará el vacío mediante el don de su Espíritu, y entonces podréis ser predicadores vivientes en vuestro hogar, en la iglesia y en el mundo.  Podréis difundir la luz, porque los brillantes rayos del Sol de Justicia brillan sobre vosotros.  Vuestra vida humilde, vuestra conducta santa, vuestra rectitud e integridad dirán a todos los que os rodean que sois hijos de Dios, herederos del cielo, que no hacéis de este mundo el lugar de vuestra morada, sino que sois peregrinos y extranjeros aquí, que buscáis una patria mejor, la celestial...
A fin de mantener al mundo debidamente subordinado, es necesario tener una fe en Cristo que sea más que nominal o esporádica.  Muchos podrán haber aceptado el hecho de que Jesús era el Hijo de Dios, y sin embargo no tienen una fe salvadora.  Jesús debe ser el todo y en todo para el alma.  Debéis creer en él como en vuestro Salvador personal y completo (Review and Herald, 23-2- 1892). 168
Miércoles 9 de junio JESÚS NUESTRO TODO
Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.  (1 Cor. 1: 30.)
El crecimiento en el conocimiento del carácter de Cristo es lo que santifica el alma.  Discernir y apreciar la maravillosa obra de la expiación, transforma  al que contempla el plan de salvación.  Contemplando a Cristo, se transforma a la misma imagen de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor.  La contemplación de Jesús llega a ser un proceso ennoblecedor y refinador... La perfección del carácter de Cristo es la inspiración del cristiano...
Cristo nunca debería estar fuera de la mente.  El ángel dijo acerca de él:  "Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mat. 1: 21).  Jesús, ¡precioso Salvador!  En él se encuentra todo: seguridad, ayuda y paz.  El es quien despeja todas nuestras dudas; las arras de todas nuestras esperanzas. ¡Cuán precioso es el pensamiento de que ciertamente podemos ser participantes de la naturaleza divina, por la cual podemos vencer como venció Cristo!  Jesús es la plenitud de nuestra expectativa.  Es la melodía de nuestros himnos, la sombra de una gran roca para los cansados.  Es agua viviente para el alma sedienta.  Es nuestro refugio en la tormenta.  Nuestra justificación, nuestra santificación, nuestra redención (Review and Herald, 26-8-1890).
El poder de Cristo ha de ser el consuelo, la esperanza, la corona de gozo de todos los que siguen a Jesús en sus conflictos, en sus luchas en la vida.  El que ciertamente sigue al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, puede exclamar mientras avanza:  "Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe"  (1 Juan 5: 4).
¿Qué clase de fe es la que vence al mundo?  Es la que hace de Cristo vuestro Salvador personal, la fe que, reconociendo vuestra impotencia, vuestra completa incapacidad de salvaros a vosotros mismos, se aferra del Ayudador que es poderoso para salvar, como de vuestra única esperanza (Ibid.). 169
Jueves 10 de junio UN MOTIVO PERDURABLE
Porque el amor de Cristo nos constriñe.  (2 Cor. 5: 14, PP.)
Debiéramos procurar representar a Cristo en cada acto de la vida cristiana: procurar hacer que su servicio parezca atractivo. Nadie haga que la religión sea repulsiva mediante lamentos, suspiros y el relato de sus pruebas, sus desprendimientos y sacrificios. No deis un mentís a vuestra profesión de fe por vuestra impaciencia, enojo y descontento. Manifiéstense las gracias del Espíritu en forma de bondad, mansedumbre, tolerancia, alegría y amor. Véase que el amor de Cristo es un motivo perdurable; que vuestra religión no es una vestimenta que se puede sacar o poner de acuerdo con las circunstancias, sino un principio tranquilo, firme, inmutable. ¡Con dolor afirmo que el orgullo, la incredulidad y el egoísmo, como un inmundo cáncer, están minando la piedad vital del corazón de más de un profeso cristiano! Cuando se los juzgue de acuerdo con sus obras, cuántos aprenderán, demasiado tarde, que su religión no fue sino un reluciente engaño, no reconocido por Jesucristo.
El amor a Jesús se verá, se sentirá. No se puede ocultar. Ejercer un poder admirable. Hace osado al tímido, diligente al perezoso, sabio al ignorante. Hace elocuente la lengua tartamuda, y despierta a nueva vida y vigor al intelecto dormido. Da esperanza al desalentado, gozo al melancólico. El amor a Cristo inducirá a su poseedor a aceptar responsabilidad a causa de Cristo y a llevarla con la fortaleza de Jesús. El amor a Cristo no desmayará ante las tribulaciones, ni se apartará del deber debido a los reproches (Review and Herald, 29 -11 - 1887).
El amor puro actúa sencillamente, y no reconoce otro motivo. Cuando se combina con los motivos terrenales y los intereses egoístas, deja de ser puro. Dios considera más el amor con que trabajamos, que la cantidad que hacemos. El amor es un atributo celestial. El corazón natural no lo pueden originar.  Esta planta celestial florece únicamente donde Cristo reina supremo (Youth's Instructor, 13-1-1898).  170
Viernes 11 de junio PRIMERO LAS COSAS MAS IMPORTANTES
No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.  ( 2 Cor. 4: 18)
Satanás se ha esforzado continuamente por eclipsar las glorias del mundo venidero y atraer toda la atención a las cosas de esta vida.  Ha procurado arreglar las cosas de modo que nuestro pensamiento, nuestra ansiedad, nuestro trabajo se enfoquen plenamente en las cosas temporales, para que no veamos ni comprendamos el valor de las realidades eternas.  El mundo y sus cuidados ocupan un lugar demasiado grande, mientras que Jesús y las cosas celestiales disponen de una porción demasiado pequeña de nuestros pensamientos y afectos.  Debiéramos cumplir concienzudamente con todos los deberes de la vida de todos los días, pero también es esencial que cultivemos, por encima de todo lo demás, el sagrado afecto hacia nuestro Señor Jesucristo (Review and Herald, 7-1-1890).
La perspectiva de las cosas celestiales no incapacita a los hombres y mujeres para las cosas de esta vida, sino por el contrario los hace más eficientes y fieles.  Aunque las majestuosas realidades del mundo eterno parecen cautivar la mente, captar la atención y arrebatar todo el ser, sin embargo, con la iluminación espiritual vienen una calma y diligencia de procedencia celestial que capacitan al cristiano para hallar placer en la realización de los deberes comunes de la vida...
La contemplación del amor de Dios, manifestado en el don de su Hijo para la salvación de los hombres caídos, conmoverá el corazón y despertará las facultades del alma como no lo puede hacer otra cosa.  La obra de la redención es maravillosa, es un misterio del universo de Dios...
Si nuestros sentidos no han sido embotados por el pecado y por la contemplación del cuadro oscuro que Satanás nos presenta constantemente, un raudal de gratitud, ferviente y continuo, emanará de nuestro corazón hacia Aquel que diariamente nos colma con beneficios de que somos completamente indignos (Ibid.). 171
Sábado 12 de junio LA PREPARACIÓN PARA EL CIELO
Pero anhelaban una [ciudad] mejor, esto es, celestial, por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.  (Heb. 11: 16.)
Profesamos ser peregrinos y extranjeros en la tierra, que vamos a un país mejor, el celestial.  Si es cierto que no somos sino peregrinos aquí, que viajamos hacia una tierra donde sólo pueden morar los santos, consideraremos como nuestra primera ocupación el conocer ese país; preguntaremos diligentemente en cuanto a la preparación necesaria, los modales y carácter que debemos tener a fin de ser ciudadanos allí.  Jesús, el Rey de ese país, es puro y santo.  Ha ordenado a sus seguidores:  " Sed santos, porque yo soy santo"  (1 Ped. 1: 16).  Si en lo futuro hemos de asociarnos con Cristo y los ángeles sin pecado, debemos capacitarnos aquí para esa compañía.
Esta es nuestra obra: nuestra obra suprema.  Toda otra consideración es de menor importancia.  Nuestra conversación, nuestra conducta, cada uno de nuestros actos debieran ser de tal naturaleza que convenzan a nuestra familia, a nuestros vecinos, y al mundo que esperamos ir pronto a un país mejor...
La tierra hacia la cual viajamos es en todo sentido mucho más atrayente de lo que fue la tierra de Canaán para los hijos de Israel... ¿Qué detuvo su progreso precisamente a la vista de la buena tierra?  Las dificultades ante ellos no eran tan grandes como las que habían encontrado previamente.  El gran obstáculo estaba en ellos mismos.  Fue su propia y determinada incredulidad lo que los hizo volverse.  No estuvieron dispuestos a arriesgar nada por las promesas de Dios... La historia de los hijos de Israel está escrita como una amonestación para nosotros  "a quienes han alcanzado los fines de los siglos" (1 Cor. 10: 11).  Por así decirlo estamos en los mismos bordes de la Canaán celestial... Si tenemos fe en las promesas de Dios, mostraremos... que no vivimos para este mundo, sino que nuestra primera ocupación es prepararnos para esa tierra santa (Review and Herald, 29-11-1881). 172
Domingo 13 de junio "RETENGAMOS HASTA EL FIN"
Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio.  (Heb. 3: 14)
Todos podemos ejercer fe.  Oro al Señor que me dé fortaleza, salud y claridad mental, y creo que oye mis oraciones.  Se nos exhorta a ser sobrios, velar y orar, pero esto no significa que hemos de lamentarnos y estar descontentos, como huérfanos.  Es cierto que la lucha en pro del continuo avance en la vida cristiana debe durar toda la vida, pero nuestro avance por el sendero celestial puede ser esperanzado. Si manifestamos una intensa energía, proporcionada al objeto por el cual luchamos, la vida eterna, somos participantes de Cristo y de todas las ricas mercedes que está dispuesto y listo a dar a los que perseverando en el bien hacer, buscan gloria, honra e inmortalidad.  Si retenemos el principio de nuestra confianza con firmeza hasta el fin, veremos al Rey en su gloria.
No pido senderos suaves, pero sí suplico a mi Padre celestial que me aumente la fe, que pueda superar toda dificultad posible.  El puede darnos el Consolador y está dispuesto a darlo; pero debemos tener firmeza y decisión, manteniendo, en todas las circunstancias, una integridad y confianza cristianas puras...Nos llega la exhortación:
"Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza"  (2 Ped. 3: 17).
Están por ganarse intereses eternos, aun la salvación nuestra alma; y cada día hemos de ser vigilantes y sobrios. Sin embargo, hemos de ser alegres y agradecer al Señor por sus bendiciones.  Debemos tener fe, fe viviente.  Dios es nuestra eficiencia, la Fuente de todo poder.  Sus recursos no pueden extinguirse...
Para todos aquellos cuyas manos y sueltan su asidero, tengo el mensaje:  Aferraos más firmemente al estandarte.  La fe dice, avanzad.  No debéis fracasar ni desanimaros.  No hay debilidad de fe en el que avanza continuamente (Carta 119, 1896). 173
Lunes 14 de junio LA VENIDA DEL CONSOLADOR
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros.  (Juan 14: 16, 17)
Cristo estaba por irse a su hogar celestial, pero aseguró a sus discípulos que enviaría al Consolador que habitaría con ellos para siempre.  Todos pueden confiar implícitamente en la dirección de ese Consolador.  Es el Espíritu de verdad; pero el mundo no puede ver ni recibir esa verdad...
Cristo quería que sus discípulos comprendieran que no los dejaría huérfanos.  "No os dejaré huérfanos" declaró; "vendré a vosotros" (vers. 18).  ¡Preciosa y gloriosa seguridad de vida eterna!  Aunque Cristo iba a estar ausente, la relación de ellos con él había de ser como la de un hijo con su padre...
Las palabras dirigidas a los discípulos nos llegan a través de las palabras de ellos.  El Consolador es nuestro tanto como de ellos, en todos los tiempos y en todos los lugares, en todos los dolores y en todas las aflicciones, cuando las perspectivas parecen oscuras y confuso el futuro, y nos sentimos desvalidos y solos.  Entonces es cuando el Consolador será enviado en respuesta a la oración de fe.
No hay consolador como Cristo, tan tierno y tan leal.  Está conmovido por los sentimientos de nuestras debilidades.  Su Espíritu habla al corazón.  Las circunstancias pueden separarnos de nuestros amigos; el amplio e inquieto océano puede agitarse entre nosotros y ellos.  Aunque exista su sincera amistad, quizá no puedan demostrarla haciendo para nosotros lo que recibiríamos con gratitud.  Pero ninguna circunstancia ni distancia puede separarnos del Consolador celestial. Doquiera estemos, doquiera vayamos, siempre está allí, Alguien que está en el lugar de Cristo para actuar por él. Siempre está a nuestra diestra para dirigirnos palabras suaves y amables (Review and Herald, 26-10-1897). 174
Martes 15 de junio NUESTRAS CREDENCIALES DIVINAS
Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.   (Juan 17: 11)
La unidad, la armonía que debieran existir entre los discípulos de Cristo se describen con estas palabras: "Para que sean uno, así como nosotros".  Pero cuántos hay que se retiran y parecen creer que han aprendido todo lo que necesitaban aprender... Los que eligen quedarse en los bordes del campamento no pueden saber lo que sucede en el círculo más íntimo.  Deben ir hasta el mismo centro pues como pueblo debemos estar unidos en fe y propósito... Mediante esa unidad hemos de convencer al mundo de la misión de Cristo, y presentar nuestras credenciales divinas al mundo...
"Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado"  (vers. 23).  ¿Podemos comprender el significado de estas palabras? ¿Podemos admitirlo? ¿Podemos medir este amor?  El pensamiento de que Dios nos ama como ama a su Hijo, debiera acercarnos a él en gratitud y alabanza.  Se ha provisto lo necesario para que Dios pueda amarnos como ama a su Hijo, y es mediante nuestra unión con Cristo y nuestra unión mutua.  Cada uno de nosotros debe ir a la fuente y beber por sí mismo. Mil alrededor de nosotros pueden beber del manantial de la salvación, pero no seremos refrigerados a menos que bebamos por nosotros mismos de las aguas senadoras.  Debemos ver la belleza, la luz de la Palabra de Dios por nosotros mismos y encender nuestro candil en el altar divino para que podamos ir al mundo manteniendo en alto la Palabra de vida como una lámpara brillante y resplandeciente...
¡Cuán preciosas son estas palabras!  "Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria"  (vers. 24).  Cristo desea que contemplemos su gloria. ¿Dónde?  En el reino de los cielos.  Quiere que seamos uno con él (Review and Herald, 11-3-1890). 175
Miércoles 16 de junio LA UNIÓN CON CRISTO Y EL PADRE
Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mi, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.  (Juan 17: 21)
Repítanse con frecuencia estas palabras y cada alma discipline sus ideas, espíritu y acción diariamente de modo que pueda cumplirse esta oración de Jesucristo.  El no requiere cosas imposibles de su Padre.  Ora por lo que precisamente debe haber en sus discípulos en relación con la unión mutua, y su unidad y unión con Dios y Jesucristo.  Cualquier cosa que no llegue a este nivel no corresponde con la perfección del carácter cristiano.  La cadena áurea del amor, que vincula los corazones de los creyentes en unidad, con lazos de compañerismo y amor, y en unión con Cristo y el Padre, establece la perfecta conexión y da al mundo un testimonio del poder del cristianismo que no puede ser controvertido...
Entonces será desarraigado el egoísmo y no existirá la infidelidad.  No habrá contiendas ni divisiones.  No habrá terquedad en nadie que esté unido con Cristo. Nadie procederá con la terca independencia del descarriado e impulsivo niño que deja caer la mano que lo conduce y elige tropezar solo...
"Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.  En esto conocerán todos que sois mis discípulos, ti tuviereis amor los unos con los otros"  (Juan 13: 34, 35).  Satanás comprende el poder de tal testimonio ante el mundo, y cuánto puede hacer en transformar el carácter.  No le agrada que una luz tal brillante de aquellos que pretenden creer en Jesucristo, y pondrá en práctica cualquier medio concebible para romper esa cadena áurea que une corazón con corazón de los que creen la verdad y los une en íntima relación con el Padre y el Hijo...
Creemos en Jesucristo.  Unimos nuestra alma con Cristo.  El dice:  "No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto... Esto os mando: Que os améis unos a otros"  (Juan 15: 16, 17) (Carta 110, 1893). 176
Jueves 17 de junio  LA MEDIDA DE DIOS PARA MI CARÁCTER
Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos.  (2 Cor. 10: 12)
Muchos se miden a sí mismos entre sí, y comparan su vida con las vidas de otros.  Esto no es correcto.  Sólo Cristo es nuestro ejemplo.  Es nuestro verdadero modelo, y cada uno debiera esforzarse en sobresalir imitándolo...
Ser cristiano no es meramente llevar el nombre de Cristo, sino tener la mente de Cristo, someterse a la voluntad de Dios en todas las cosas.  Muchos que profesan ser cristianos tienen todavía que aprender esta gran lección.  Muchos saben poco de lo que es negarse a sí mismos por Cristo.  No estudian cómo pueden glorificar mejor a Dios y hacer avanzar su causa.  Pero es el yo, el yo, ¿cómo puede ser complacido?  Tal religión no tiene valor.  En el día de Dios, los que la poseen serán pesados en la balanza y hallados faltos (Review and Herald, 4-9-1883).
No vale mucho lo que digan los hombres, ni sus opiniones.  La cuestión que nos interesa es: ¿Cuál es la medida de Dios para mi carácter?... Cada uno tiene su propia obra que hacer, sus propias decisiones que tomar.  El que mantiene a otro en un sendero equivocado, no está de parte de Dios sino del enemigo.  "No hice así", dice Nehemías,  "a causa del temor de Dios"  (Neh. 5: 15). 
Cada uno ha de ceñirse para el conflicto espiritual que está ante nosotros.  Los planes del mundo, las costumbres del mundo, aquellas cosas que consiente el mundo, no son para nosotros.  Hemos de decir: "No hice así a causa del temor de Dios".  El egoísmo, la falta de honradez, la astucia, tratan de entrar en el corazón.  No les demos lugar.
Nehemías fue sincero para la gloria de Dios... Por la estabilidad de su proceder, demostró que era un valiente cristiano.  Su conciencia estaba limpia, refinada, ennoblecida por la obediencia a Dios.  Rehusó apartarse de los principios cristianos (Carta 406, 1906). 177
Viernes 18 de junio  LA SANTIDAD, COMPAÑERA DE LA HUMANIDAD
Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.  (1 Ped. 5: 5)
Cuántos se aferran tenazmente a lo que creen que es dignidad, y que sólo es estima propia.  Los tales tratan de honrarse a sí mismos, en vez de esperar con humildad de corazón que Cristo los honre.  En la conversación, más tiempo se pasa hablando del yo que exaltando las riquezas de la gracia de Cristo... No han aprendido de Aquel que dice:  "Soy manso y humilde de corazón"  (Mat. 11: 29).
La verdadera santidad y humildad son inseparables. Mientras más cerca esté el alma de Dios, más completamente se humillará y someterá.  Cuando Job oyó la voz desde el  torbellino, exclamó: "Me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza"  (Job 42: 6).  Cuando Isaías vio la gloria del Señor, y oyó a los querubines que clamaban:  "Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos exclamó: "¡Ay de mí! que soy muerto"  (Isa. 6: 3, 5)  Cuando fue visitado por el mensajero celestial, Daniel dijo: "Mi fuerza se cambió en desfallecimiento"  (Dan. 10: . Pablo después de haber sido arrebatado al tercer cielo y haber oído cosas que no es lícito que diga el hombre, habla de sí como el menor  "que el más pequeño de todos los santos" (Efe. 3: .  Fue el amado Juan, que se reclinaba sobre el regazo de Jesús, y contemplaba su gloria, quien cayó como muerto ante el ángel.  Mientras más íntima y continuamente contemplemos a nuestro Salvador, menos procuraremos aprobarnos a nosotros mismos  (Review and Herald, 20-12-1881).
El que capta un destello del incomparable amor de Cristo, computa todas las otras cosas como pérdida, y considera al Señor como el principal entre diez mil... Cuando los serafines y querubines contemplan a Cristo, cubren su rostro con sus alas.  No despliegan su perfección y belleza en la presencia de la gloria de su Señor.  ¡Cuán impropio es, pues, que los hombres se exalten a sí mismos (Review and Herald, 25-2- 1896). 178
Sábado 19 de junio ¿POR QUE ENVANECERNOS?
Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.  (Fil. 2: 3, 4)
No hay nada que debilite la fortaleza de la iglesia como el orgullo y la pasión... Cristo nos ha dado un ejemplo de amor y humildad, y ha ordenado a sus seguidores que se amen mutuamente como él los ha amado.  Con humildad, debemos estimar a otros superiores a nosotros.  Debemos ser severos con nuestros propios defectos de carácter, prontos para discernir nuestros errores y equivocaciones, y tener menos en cuenta las faltas ajenas que las nuestras.  Debemos sentir un interés especial en considerar las cosas ajenas, no para codiciarías, no para encontrar faltas en ellas, no para hacer comentarios en cuanto a ellas y presentarlas en una luz dudosa, sino para hacer estricta justicia en todas las cosas a nuestros hermanos y a todos con quienes nos tratamos.  Ofende a Dios el espíritu de hacer planes para nuestro interés egoísta, con el fin de obtener alguna ganancia, o para mostrar superioridad o rivalidad.  El Espíritu de Cristo guiará a sus seguidores para que se preocupen, no sólo por su éxito o ventajas, sino por tener también interés en el éxito y ventajas de sus hermanos.  Esto será amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos...
Sólo Jesús ha de ser exaltado.  Cualquiera sea la habilidad o el éxito de alguno de nosotros, no es porque hayamos creado esas facultades nosotros mismos; son un depósito sagrado dado por Dios, para ser usadas sabiamente en su servicio para su gloria.  Todo es un capital confiado por el Señor. ¿Por qué envanecernos, entonces? ¿Por qué habremos de llamar la atención hacia nuestro yo defectuoso?...
El orgullo del talento, el orgullo del intelecto, no pueden existir en el corazón que está oculto con Cristo en Dios... Humillémonos pues y adoremos a Jesús, pero nunca, nunca, nos exaltemos en lo mínimo (Review and Herald, 4-9-1900). 179
Domingo 20 de junio "TEN CUIDADO DE TI MISMO"
Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren. (1 Tim. 4: 16).
Algunos parecen pensar que es una virtud expresar su descontento por cualquier cosa que otros hagan.
Judas, por ejemplo.  Cristo le permitió que fuera miembro de la iglesia, a pesar de su carácter codicioso y avaro.  Tenía algunas características que podrían haber sido usadas para la gloria de Dios; pero no trató de vencer los defectos de su carácter.  Cristo lo soportó mucho y pacientemente... Presentó delante de él las mismas lecciones que usó para los apóstoles, que lo habrían encarrilado si las hubiera usado correctamente, pero no mantuvo una correcta relación con el Cielo.  Cristo conocía su verdadera condición y le dio una oportunidad.  Unió a Juan con la iglesia, no porque Juan estuviera por encima de las fragilidades humanas, sino para unirlo con su gran corazón de amor.  Si Juan vencía sus defectos de carácter, sería como una luz para la iglesia.  Pedro, si corregía sus faltas, heredaría las promesas de Dios.  Y Jesús le dijo, después de su resurrección, a pesar de que sólo hacía pocos días que lo había negado:  "Pastorea mis ovejas" y "apacienta mis corderos"  (Juan 21: 16, 15).  Ahora podía confiar en Pedro; porque había obtenido una experiencia en las cosas de Dios...
Juan aprendió continuamente para imitar la vida de Jesús... Lección tras lección dio Cristo a sus discípulos para que pudieran conocer la voluntad del Padre y brillar como luces en el mundo.  Juan y Pedro eran hombres en quienes Dios podía confiar, pero Judas no.  Ellos recibieron, prestaron atención a las lecciones y ganaron la victoria; pero Judas había fracasado en cada prueba.  Veía sus faltas, pero en vez de corregirlas, se vindicaba descubriendo fallas en los que o rodeaban... No podéis obtener fuerza espiritual hablando de los defectos ajenos (Review and Herald, 18-8- 1885). 180
Lunes 21 de junio REVELANDO A CRISTO EN EL CARÁCTER
Presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros. (Tito 2: 7, .
No tema nadie ir al extremo mientras escudriñe la Palabra y humille su alma a cada paso.  Cristo debe morar en él por fe.  El, su ejemplo, tenía dominio propio.  Caminaba humildemente. Tenía verdadera dignidad.  Tenía paciencia.  Si nosotros poseemos individualmente estos rasgos de carácter ... no habrá extremistas.
Cristo nunca erró en su juicio de los hombres y de la verdad.  Nunca fue engañado por las apariencias.  Nunca levantó una pregunta que no fuera claramente apropiada.  Nunca dio una esta sino la que convenía y al punto.  Redujo al silencio a los sutiles, astutos y taimados sacerdotes, penetrando más allá de la superficie y llegando al corazón, haciendo relucir la luz en su conciencia, lo que los molestaba, pero no se rindieron a la convicción.  Cristo nunca fue a los extremos, nunca perdió el dominio propio ni el equilibrio mental por la excitación.  Nunca violó la ley del buen gusto y del discernimiento, cuándo hablar y cuándo guardar silencio.  Luego, si todos los que pretenden ver los preciosos rayos áureos de la luz del Sol de Justicia siguieran el ejemplo de Cristo, no habría extremistas...
Cultívense y manténganse perseverantemente la calma y el dominio propio pues tal era el carácter de Cristo... No oímos bulliciosas protestas de fe, ni vemos contorsiones corporales ni ademanes en el Autor de toda verdad.
Recordad que en él habitaba toda la plenitud de la Deidad corporalmente.  Si Cristo habita en nuestro corazón por fe, al contemplar su conducta, procuraremos ser como Jesús: puros, pacíficos e incontaminados.  Revelaremos a Cristo en nuestro carácter.  No sólo recibiremos luz y la absorberemos, sino que también la difundiremos... La simetría, belleza y benevolencia que había en la vida de Jesucristo relucirán en nuestra vida (Manuscrito 24, 1890). 181
Martes 22 de junio LA CIZAÑA ENTRE EL TRIGO
Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.  (Mat. 13: 30).
En este mundo quedaremos perplejos sin esperanza (como el diablo quiere que estemos), si continuamos mirando las cosas que causan perplejidad; pues nos desanimamos al ocuparnos de ellas y hablar de ellas... Podemos crear un mundo irreal en nuestra mente, o tener a en de una iglesia ideal, donde las tentaciones de Satanás no inducen más al mal; pero la perfección existe solo en nuestra imaginación.  El mundo es un mundo caído, y la iglesia es un lugar representado por un campo donde crecen cizaña y trigo.  Han de crecer juntos hasta la cosecha.  No debemos desarraigar la cizaña, de acuerdo con la sabiduría humana, no sea que por las sugestiones de Satanás sea arrancado el trigo suponiendo que es cizaña.  La sabiduría de lo alto vendrá al que es manso y humilde de corazón, y esa sabiduría no lo inducirá a destruir al pueblo de Dios, sino a edificarlo...
Nadie necesita equivocarse, nadie necesita perder los momentos áureos de tiempo de su corta vida buscando pesar las imperfecciones de los profesos cristianos.  Ninguno de nosotros tiene tiempo para eso.  Si sabemos cómo debe ser el carácter de los cristianos, y sin embargo vemos en otros lo que es inconsecuente en su carácter, determinemos que resistiremos firmemente al enemigo en sus tentaciones de hacernos proceder inconsecuentemente y digamos: "No haré que Cristo se avergüence de mí.  Estudiaré más asiduamente el carácter de Cristo en quien no hay imperfección, ni egoísmo, ni tacha, ni mancha de mal, que no vivió para agradarse a sí mismo, sino para glorificar a Dios y salvar a la humanidad caída.  No copiaré los caracteres defectuosos de esos cristianos inconsecuentes; las faltas que han cometido no me inducirán a imitarles. Me volveré al precioso Salvador para ser como él, seguiré la instrucción de la Palabra de Dios que dice: 'Haya pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús' (Fil. 2: 5)" (Review and Herald, 8-8-1893). 182
Miércoles 23 de junio COMO SOMOS PERDONADOS 
Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.  (Mat. 6. 12)
Aun para los que pretenden ser seguidores de Jesús, es dificilísimo perdonar como perdonó Cristo.  Se practica tan poco el verdadero espíritu de perdón, y se aplican tantas interpretaciones a los requerimientos de Cristo, que se pierden de vista su fuerza y belleza.  Tenemos una visión muy incierta de la gran misericordia y amante bondad de Dios.  El está lleno de compasión y perdón, y nos perdona gratuitamente si realmente nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados...
Cuando fue puesto a prueba, Pedro pecó grandemente.  Al negar al Maestro que había amado  servido, se convirtió en un cobarde apóstata.  Pero su Señor no lo desdeñó; lo perdonó generosamente... Por lo tanto, recordando sus propias debilidades y fracasos, podía ser paciente con sus hermanos en sus faltas y errores; recordando el paciente amor de Cristo hacia él, que le proporcionó otra oportunidad de dar frutos de buenas obras, podía ser más conciliador con los que erraban...
El Señor requiere que tratemos a nuestros prójimos como él nos trata.  Hemos de ser pacientes, bondadosos, aun cuando no lleguen a lo que esperamos en todo...  Los últimos seis mandamientos especifican los deberes del hombre hacia el hombre.  Cristo no dijo: Tolera a tu prójimo, sino "amarás a tu prójimo como a ti mismo"...
Debemos hacer que el amor de Jesús domine nuestra vida.  Tendrá una influencia que suavice y subyugue nuestro corazón y carácter.  Nos moverá a perdonar a nuestros hermanos aunque nos hayan injuriado.  El amor divino debe fluir de nuestro corazón en amables palabras y bondadosas acciones para otros.  El fruto de esas buenas obras penderá como ricos racimos en la viña del carácter...
Regocijándoos en Cristo como vuestro Salvador compasivo, y conmovidos por la convicción de vuestras propias debilidades, el amor y el gozo se revelarán en vuestra vida diaria (Review and Herald, 16-11-1886). 183
Jueves 24 de junio COMO ARREGLAR VUESTROS PROBLEMAS
Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.   (Mat. 18:15)
Debiéramos examinar cuidadosamente nuestra relación con Dios y con nuestros prójimos.  Pecamos continuamente contra Dios, pero su misericordia continuamente nos ampara.  Con amor soporta nuestras perversidades, nuestro descuido, nuestra ingratitud, nuestra desobediencia. Nunca se impacienta con nosotros.  Insultamos su misericordia, agraviamos su Santo Espíritu, lo deshonramos delante de los hombres de los ángeles, y sin embargo no falla su compasión.  El pensamiento de la tolerancia de Dios con nosotros debiera hacernos mutuamente tolerantes.  Cuán pacientemente debiéramos tolerar las faltas y errores de nuestros hermanos, cuando recordamos cuán grandes son nuestras faltas a la vista de Dios. ¿Cómo podemos orar a nuestro Padre celestial: "Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores"  (Mat. 6: 12), si somos... exigentes en nuestro trato con otros?...
Si piensas que tu hermano te ha injuriado, ve a él con bondad y amor, y podréis llegar a un entendimiento y reconciliación... Si tienes éxito en arreglar la cuestión, has ganado a tu hermano sin poner de manifiesto sus debilidades, y el arreglo a que habéis llegado ha cubierto multitud de pecados, de la observación de otros...
Se necesita velar especialmente para mantener vivos los afectos, y nuestro corazón sensible a lo bueno que hay en el corazón ajeno.  Si no vigilamos en esto, Satanás pondrá celos en nuestra alma; pondrá sus anteojos delante de nuestros ojos para que veamos las acciones de nuestros hermanos distorsionadas.  En vez de mirar críticamente a nuestros hermanos, debiéramos volver nuestros ojos dentro de nosotros y estar dispuestos para descubrir los rasgos objetables de nuestro carácter.  Al comprender debidamente nuestras propias faltas y fracasos, las faltas ajenas se hundirán en la insignificancia (Review and Herald, 24-2-1891 ). 184
Viernes 25 de junio BUSCAD LO BUENO
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.   (Fil. 4: .
Somos una parte de la gran trama de la humanidad.  Nos transformamos a la imagen de aquello de que nos ocupamos.  Cuán importante es, pues, abrir nuestro corazón a las cosas que son amables, buenas y de buen nombre.  Entre en el corazón la luz del Sol de Justicia.  No fomentemos una raíz de amargura que al brotar pueda contaminar a muchos (Review and Herald, 15-8-1893).
Cristo era infinito en sabiduría, y sin embargo resolvió aceptar a Judas, aunque sabía dónde estaban sus imperfecciones de carácter.  Juan no era perfecto; Pedro negó a su Señor; y sin embargo con hombres como ésos se organizó la iglesia cristiana primitiva.  Jesús los aceptó para que pudieran aprender de él lo que constituye un carácter cristiano perfecto.  La ocupación de cada cristiano es estudiar el carácter de Cristo...
Sólo Judas no respondió a la instrucción divina... Afirmó su alma para resistir a la influencia de la verdad; y al paso que criticaba y condenaba a otros, descuidaba su propia alma, y fomentaba y fortalecía sus malos rasgos naturales de carácter, hasta que se endurecieron de modo que vendió a su Señor por treinta piezas de plata...
Es frecuente ver imperfecciones en los que llevan adelante la obra de Dios... ¿No sería más agradable a Dios que fuéramos imparciales y viéramos cuántas almas están sirviendo a Dios, glorificándolo y honrándolo con sus talentos, medios e intelecto? ¿No sería mejor considerar el admirable y milagroso poder de Dios en la transformación de los pobres y degradados pecadores, que han estado plenos de corrupción moral, y que han sido cambiados de modo que son semejantes a Cristo en carácter?... Dios tiene el propósito de que todo lo que hace que miremos las debilidades de la humanidad nos induzca a acudir a él, y en ningún caso a poner nuestra confianza en el hombre, o hacer de la carne nuestro brazo (Ibid.). 185
Sábado 26 de junio CORDEROS Y LOBOS
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.  (Mat. 5: 44)
En estos últimos días, cuando abundará la iniquidad y el amor de muchos se enfriará, Dios tendrá un pueblo que glorifique su nombre y esté para condenar la injusticia.  Ha de ser un "pueblo peculiar", que será leal a la ley de Dios cuando el mundo procure anular sus preceptos; y cuando el poder de Dios que convierte obre por medio de sus siervos, las huestes de las tinieblas se aprestarán en amarga y determinada oposición...
Satanás está enemistado con la verdad, y luchará de todos modos contra sus defensores (Review and Herald, 8-5-1888).
Nuestra vida debe estar de tal modo oculta con Cristo en Dios, que cuando hagamos frente a amargos discursos y palabras burlonas y miradas perversas, no permitiremos que nuestros sentimientos se agiten contra nuestros adversarios, sino que sentiremos profunda simpatía por ellos, porque no saben nada del precioso Salvador a quien pretenden conocer.  Debemos recordar que están al servicio del más acérrimo enemigo de Jesucristo, y que al paso que todo el cielo está abierto a los hijos e hijas de Dios, ellos no tienen ese privilegio.  Debéis sentiros como el pueblo más feliz que mora en la tierra.  Sin embargo, como representantes de Cristo, sois como corderos en medio de lobos, tenéis a Alguien que puede ayudaros en todas las circunstancias, y no seréis devorados por esos lobos, si os mantenéis cerca de Jesús. ¡Cuán cuidadosos debéis ser de representar a Jesús en cada palabra y acción!  Cuando os levantáis por la mañana, cuando vais a la calle, cuando volvéis, debéis sentir que Jesús os ama que está a vuestro lado, y que no debéis fomentar pensamientos que ofendan a vuestro Salvador (Review and Herald, 10-4-1888).
Los malos ángeles pueden rodearos para ensombreceros, pero la voluntad de Dios es mayor que su poder (Ibid). 186
Domingo 27  de junio TIEMPO PARA CERRAR LA MENTE
Hermanos, no murmuréis los unos de los otros.  El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez.  (Sant. 4: 11).
Si Satanás puede emplear a los profesos creyentes como acusadores de los hermanos, se complace grandemente; pues los que hacen eso están a su servicio tanto como Judas cuando traicionó a Cristo, aunque quizá lo hagan ignorantemente.  Satanás no es menos activo ahora que en los días de Cristo, y los que se prestan a hacer su obra, representarán su espíritu.
Los rumores que circulan son frecuentemente los destructores de la unidad entre los hermanos.  Hay quienes vigilan con la mente y los oídos abiertos para captar los escándalos que circulan.  Reúnen pequeños incidentes que podrían ser bagatelas en sí mismos, pero que son repetidos y exagerados hasta que un hombre se convierte en culpable debido a sus palabras. Parece que su lema fuera: "Infórmenos, y esparciremos el informe".  
Esos chismosos están haciendo la obra del diablo con sorprendente fidelidad, dándose poca cuenta de cuán ofensiva es su conducta para Dios.  Si emplearan la mitad de la energía y celo que dedican a esa obra impía para examinar su propio corazón, encontrarían tanto para limpiar en sus almas que no tendrían tiempo ni voluntad para criticar a sus hermanos, y no caerían en la tentación.
La puerta de la mente debe mantenerse cerrada contra "dicen", o "he oído".  En vez de permitir que las sospechas o las malas conjeturas entren en nuestro corazón, ¿por qué no vamos a nuestros hermanos y, después de presentar ante ellos franca y bondadosamente las cosas que hemos oído en detrimento de su carácter e influencia, oramos con ellos y por ellos?...
Cultivemos diligentemente los puros principios del Evangelio de Cristo, la religión, no de la estima propia sino del amor, la mansedumbre y humildad de corazón.  Entonces amaremos a nuestros hermanos (Review and Herald, 3-6-1884). 187
Lunes 28 de junio FRAGANTE CON LA BENDICIÓN DEL CIELO
¿Quién es sabio y entendido entre otros?  Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.  Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad.  (Sant. 3: 13, 14)
¿Qué es mentir contra la verdad?  Es pretender creer la verdad, al paso que el espíritu, las palabras, la conducta, no representan a Cristo sino a Satanás.  Conjeturar lo malo, ser impaciente e inexorable, es mentir contra la verdad; pero el amor, la paciencia y la amplia tolerancia están de acuerdo con los principios de la verdad.  La verdad es siempre pura, siempre bondadosa, respira una fragancia del cielo sin mezcla de egoísmo...
Ser despiadado, acusar a otros, dar expresión a juicios ásperos y severos, alimentar malos pensamientos, no es el resultado de la sabiduría que proviene de lo alto... El lenguaje del cristiano debiera ser suave y circunspecto, pues su fe santa requiere de él que represente a Cristo ante el mundo.  Todos los que habitan en Cristo, manifestarán la bondad y magnánima cortesía que caracterizaban la vida del Maestro.  Sus obras serán obras de piedad, equidad y pureza.  Tendrán la mansedumbre de la sabiduría y ejercerán el, don de la gracia de Jesús (Review and Herald, 12-3-1895).
"La paz de Dios gobierne en vuestros corazones,...  y sed agradecidos.  La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales" (Col. 3: 15, 16).  Así procedía Cristo.  Con frecuencia era asaltado por la tentación, pero en vez de rendirse o alterarse, cantaba las alabanzas de Dios.  Con cánticos espirituales detenía el torrente de palabras de aquellos a quienes Satanás estaba usando para crear contienda...
Cuando son tentados los que aman a Dios, canten himnos de alabanza a su Creador antes de hablar palabras de acusación y crítica... Contemplad siempre a Jesús (Youth's Instructor, 12-9- 1901). 188
Martes 29 de junio EL MAS GRANDE SERVICIO
Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.  (Efe. 4: 32).
El mayor servicio que podemos prestar a Dios, y que reflejará permanentes rayos de luz sobre la senda de otros, es ser pacientes, bondadosos, firmes en los principios como una roca, temerosos de Dios.  Esto nos hará la sal de la tierra, la luz del mundo.  Con frecuencia estaremos chasqueados, porque no hallaremos la perfección en los que se relacionan con nosotros, y ellos no verán perfección en nosotros.  Sólo mediante esfuerzos agonizantes de nuestra parte llegaremos a ser abnegados, humildes, semejantes a niños, dóciles, mansos y humildes de corazón, como nuestro divino Señor.  Debemos elevar nuestro corazón y mente a un elevado plano de educación en las cosas espirituales y celestiales.
Este mundo no es el cielo, sino el taller de Dios para preparar a su pueblo para un paraíso puro y santo.  Y al paso que cada uno de nosotros debe sentir que es una parte de la gran trama de la humanidad, no debe esperar que otros en esa trama sean sin faltas, así como él no lo es.  Se cometerán errores, y si los que yerran están dispuestos a ser corregidos se gana una valiosa lección, de modo que su derrota se convierta en victoria.  Debéis considerar que muchos de vuestros propios errores no se muestran a la luz pública, y sed cuidadosos de no hacer que los errores e imperfecciones de otros aparezcan en su peor forma, ya sea para vosotros o para otros.   Nadie es perfecto, y una crítica injusta fomentada hacia otros no es sabia ni cristiana...
Tenemos una seria y solemne obra que hacer para nosotros mismos: la limpieza de nuestra propia alma de borrones y manchas, si hemos de permanecer cuando aparezca el Hijo del hombre, siendo absueltos por él.  Debemos ser tanto educadores como reformadores.  Apartarnos de cualquiera que yerra y no sigue nuestras propias ideas, no es proceder como Cristo procede con nosotros (Carta 30, 1888). 189
Miércoles 30 de junio EDIFICÁNDOOS LOS UNOS A LOS OTROS
Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.  (Rom. 15: 1)
Dios no quiere que nos coloquemos en el tribunal y nos juzguemos unos a otros... Cuando vemos errores en otros, recordemos que tenemos faltas más graves, quizá, a la vista de Dios, que la falta que condenamos en nuestro hermano.  En vez de publicar sus defectos, pedid a Dios que lo bendiga, y ayudadlo a vencer su error.  Cristo aprobará este espíritu y proceder, y abrirá el camino para que habléis una palabra de sabiduría que fortalecerá y ayudará al que es débil en la fe.
La tarea de edificación mutua en la santísima fe es una obra bendita; pero la tarea de derribar es una obra llena de amargura y dolor.  Cristo se identifica a sí mismo con sus hijos dolientes; pues dice: "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (Mat. 25:  40) ... Cada corazón tiene sus propios dolores y desengaños, y debemos procurar aliviarnos mutuamente las cargas manifestando el amor de Jesús a los que nos rodean.  Si nuestra conversación fuera sobre el cielo y las cosas celestiales, pronto las malas conversaciones dejarían de atraernos...
En vez de encontrar faltas en otros examinémonos a nosotros mismos.  La pregunta de cada uno de nosotros debiera ser: ¿Es recto mi corazón delante de Dios? ¿Glorificará a mi Padre celestial este proceder?  Si habéis fomentado un mal espíritu, desterrado del alma.  Vuestro deber es desarraigar del corazón todo lo que contamine; debiera arrancarse cada raíz de amargura, para que otros no se contaminen con su perniciosa influencia.   No permitáis que quede en el terreno del corazón ninguna planta venenosa.  Arrancadla esta misma hora, y plantad en su lugar la planta del amor.  Entronícese a Jesús en el alma.
Cristo es nuestro ejemplo.  El fue haciendo bienes.  Vivió para bendecir a otros.  El amor embelleció y ennobleció todas sus acciones, y se nos ordena que sigamos sus pisadas (Review and Herald, 5-6-1888). 190..
 




  

 
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