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  1.La verdad acerca del Santuario
 

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Cristo en su Santuario

 

 

 



1-La verdad acerca del Santuario:



INTRODUCCIÓN *

Al referirse a lo que debía ser realizado por la naciente Iglesia Adventista del Séptimo Día antes de la venida del Señor, Elena G. de White escribió en 1883:

"Las mentes de los creyentes habían de ser dirigidas al santuario celestial, donde Cristo ha entrado para hacer expiación por su pueblo" (Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 77).

En un período de crisis, en 1906, cuando fueron puestas en tela de juicio ciertas enseñanzas básicas de los adventistas, ella escribió:
"La correcta comprensión del ministerio del santuario celestial es el fundamento de nuestra fe" (El Evangelismo, pág. 165).

El fin de los 2.300 días

Entre las profecía que constituían el fundamento del despertar adventista de la década iniciada en 1830 y de comienzos de 1840, estaba la de Daniel 8: 14: "Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario, será purificado".  Elena G. de White, que pasó por la experiencia de esos años, explica cuál fue la aplicación que se le dio a esta profecía: 8

"En común con el resto del mundo cristiano, los adventistas creían entonces que la tierra, o alguna parte de ella, era el santuario.  Entendían que la purificación del santuario era la purificación de la tierra por medio del fuego del último y supremo día, y que ello se verificaría en ocasión del segundo advenimiento.  De ahí que concluyeran que Cristo volvería a la tierra en 1844" (El Gran Conflicto, pág. 461).

Este período profético terminó el 22 de octubre de 1844.  La desilusión de los que esperaban encontrar a su Señor en aquel día fue muy grande.  Hiram Edson, un diligente estudiante de la Biblia que vivía en el Estado de Nueva York, describe lo que ocurrió con el grupo de creyentes del cual él formaba parte:

"Nuestras expectativas iban en aumento mientras esperábamos la llegada de nuestro Señor, hasta que el reloj marcó las doce a medianoche.  El día había pasado, y el chasco que experimentamos fue terrible.  Nuestras más caras esperanzas y expectativas fueron barridas, y nos sobrevino un deseo de llorar como nunca antes.  La pérdida de todos los amigos terrenales no se hubiera comparado con lo que sentimos entonces.  Lloramos y lloramos hasta que el día amaneció.

"Me decía a mí mismo: 'Mi experiencia adventista ha sido la más brillante de toda mi vida cristiana... ¿Ha fallado la Biblia? ¿No hay Dios, ni cielo, ni ciudad de oro, ni paraíso? ¿Es todo nada más que una fábula astutamente inventada? ¿No hay realidad detrás de nuestras más caras esperanzas y expectativas?. . .'

"Comencé a sentir que podría haber luz y ayuda para nosotros en nuestro dolor.  Dije a algunos de los hermanos: 'Vayamos al granero'.  Entramos en éste, cerramos las puertas y nos arrodillamos delante del Señor.  Oramos fervientemente porque sentíamos nuestra necesidad.  Continuamos en ferviente oración hasta que recibimos del Espíritu la certeza de que nuestras oraciones habían sido aceptadas, y que se nos daría luz.  La razón de nuestro chasco sería explicada en forma clara y satisfactoria. 9

"Después del desayuno dije a uno de mis hermanos: 'Vayamos para ver y animar a algunos de nuestros hermanos'.  Salimos, y mientras pasábamos por un gran campo, me sentí detenido en medio de él.  El cielo pareció abrirse ante mi vista, y vi definida y claramente que en vez de que nuestro Sumo Sacerdote hubiera salido del lugar santísimo del santuario celestial para venir a esta tierra en el décimo día del mes séptimo, al fin de los 2.300 días, había entrado por primera vez, en ese día, en el segundo departamento de aquel santuario, y que tenía una obra que realizar en el lugar santísimo antes de venir a la tierra, que había venido a las bodas, o en otras palabras, al Anciano de días, para recibir el reino, el dominio y la gloria; y que debíamos esperar su retorno de las bodas.  Mi mente fue entonces dirigida al capítulo diez de Apocalipsis donde pude ver que la visión había hablado y no había mentido" (Manuscrito inédito publicado parcialmente en la Review and Herald del 23 de junio de 1921).

A esto le siguió una cuidadosa investigación de los pasajes de las Escrituras referentes al tema -particularmente de la epístola a los Hebreos- por parte de Hiram Edson y dos de sus más cercanos colaboradores, un médico, el Dr. F. B. Hahn, y un maestro, O. R. L. Crosier.  El resultado de estos estudios fue registrado por Crosier, y publicado primero en The Day Dawn, un periódico de circulación limitada, y luego reescrito y ampliado, se publicó en un número especial del Day-Star del 7 de febrero de 1846.  Esta era la revista adventista de mayor circulación.  Se publicaba en Cincinnati, Ohio.  Por este medio se alcanzó a un buen número de creyentes adventistas que habían sufrido la desilusión.  La presentación, un tanto extensa pero bien cimentada en las Escrituras, infundió esperanza y ánimo a los corazones de estos hermanos, puesto que mostraba claramente que el santuario que debía ser purificado al fin de los 2.300 días estaba en el cielo, y no en la tierra como lo habían creído antes.10

Elena G. de White, en una declaración escrita el 21 de abril de 1847, expresó lo siguiente en respaldo del artículo de Crosier acerca del santuario:

"El Señor me mostró en visión hace más de un año que el Hno. Crosier tenía la verdadera luz en cuanto a la purificación del santuario. . . y que era su voluntad que el Hno. Crosier escribiera la explicación que nos había dado en el Day-Star  Extra del 7 de febrero de 1846.  Me siento plenamente autorizada por el Señor para recomendar ese Extra a cada santo" (A Word to the Little Flock, pág. 12).

Posteriormente escribió como sigue acerca del rápido desarrollo de la comprensión de esta doctrina que siguió al chasco:

"El transcurso del tiempo en 1844 estuvo marcado por grandes eventos que abrieron ante nuestros asombrados ojos la comprensión de la purificación del santuario que se estaba verificando en el cielo, y que tiene una definida relación con el pueblo de Dios en la tierra" (Manuscrito 13, 1889, publicado en Counsels to Writers and Editors, pág. 30).

Una verdad establecida por el testimonio del Espíritu Santo

Las visiones que recibió Elena G. de White, aunque no se adelantaron al estudio de la Biblia, confirmaron la solidez de la posición de que un importante aspecto del ministerio de Cristo en el santuario celestial había comenzado el 22 de octubre de 1844.  Gradualmente la amplitud y la profundidad del tema fueron evidentes para los creyentes adventistas.  En años posteriores, al rememorar aquella experiencia, ella recalcó los estudios que habían realizado y las evidencias manifiestas de la mano guiadora de Dios:

"Muchos de nuestros hermanos no comprenden cuán firmemente han sido establecidos los fundamentos de nuestra fe.  Mi esposo, el pastor José Bates, el padre Pierce*, el 11 pastor Hiram Edson y otros que eran perspicaces, nobles y leales, se contaban entre los que, después de pasar la fecha de 1844, escudriñaron las Escrituras en procura de la verdad como quien busca un tesoro escondido.  Me reunía con ellos, y estudiábamos y orábamos fervientemente.  Con frecuencia permanecíamos juntos hasta tarde en la noche, y a veces pasábamos toda la noche orando en procura de luz y estudiando la Palabra.  Vez tras vez esos hermanos se reunían para estudiar la Biblia a fin de conocer su significado y estar preparados para enseñarla con poder.  Cuando llegaban al punto en su estudio donde decían: 'No podemos hacer nada más', el Espíritu del Señor descendía sobre mí y era arrebatada en visión y se me daba una clara explicación de los pasajes que habíamos estado estudiando, con instrucciones en cuanto a cómo debíamos trabajar y enseñar con eficacia.  Esa luz nos ayudaba a entender los textos acerca de Cristo, su misión y su sacerdocio.  Me fue aclarada una secuencia de verdades que se extendía desde ese momento hasta cuando entremos en la ciudad de Dios, y yo comuniqué a los demás las instrucciones que el Señor me había dado.

"Durante todo ese tiempo no podía entender el razonamiento de los hermanos.  Mi mente estaba cerrada, por así decirlo, y no podía comprender el significado de los textos que estábamos estudiando.  Este fue uno de los mayores dolores de mi vida.  Quedaba en esa condición mental hasta que se aclaraban en nuestras mentes todos los principales puntos de nuestra fe, en armonía con la Palabra de Dios.  Los hermanos sabían que cuando yo no estaba en visión no podía entender esos asuntos, y aceptaban como luz enviada del cielo las revelaciones dadas" (Mensajes Selectos, tomo 1, págs. 241, 242).

La comprensión de que Cristo había entrado en el lugar santísimo del santuario celestial para comenzar la etapa final de su ministerio en nuestro favor, simbolizado por el ritual del santuario puesto en práctica por el antiguo Israel, suscitó solemnes sentimientos en los corazones de nuestros pioneros adventistas.  Las verdades eran tan claras, tan grandiosas, tan 12 vitales, que les costaba creer que sobre ellos descansaba la responsabilidad de impartir esta luz a otros.  Elena G. de White escribió acerca de la certeza de su posición:

"Hemos de afirmarnos en la fe, en la luz de la verdad que nos fue dada en nuestra primera experiencia.  En aquel tiempo se nos presentaba un error tras otro; pastores y maestros introducían nuevas doctrinas.  Solíamos escudriñar las Escrituras y con mucha oración, y el Espíritu Santo revelaba la verdad a nuestra mente.  A veces dedicábamos noches enteras a escudriñar las Escrituras y a solicitar fervorosamente la dirección de Dios.  Hombres y mujeres piadosos se reunían con este propósito.  El poder de Dios descendía sobre mí, y yo recibía capacidad para definir claramente lo que es verdad y lo que es error.

"Al ser así delineados los puntos de nuestra fe, nuestros pies se asentaron sobre un fundamento sólido.  Aceptamos la verdad punto por punto, bajo la demostración del Espíritu Santo.  Yo solía quedar arrobada en visión, y se me daban explicaciones.  Se me dieron ilustraciones de las cosas celestiales, y del santuario, de manera que fuimos ubicados donde la luz resplandecía sobre nosotros con rayos claros y definidos.

"Sé que la cuestión del santuario, tal cual la hemos sostenido durante tantos años, se basa en la justicia y la verdad" (Obreros Evangélicos, págs. 317, 318).

Los pioneros del movimiento advirtieron que la verdad del santuario era fundamental en relación con toda la estructura de la doctrina adventista.  Jaime White, en 1850, reimprimió los fragmentos esenciales de la primera presentación que hizo del tema O. R. L. Crosier y comentó:

"El tema del santuario debiera ser cuidadosamente examinado, puesto que en él descansa el fundamento de nuestra fe y nuestra esperanza" (The Advent Review, número especial combinado).

El santuario y el sábado

En el contexto de una revelación acerca del santuario celestial fue confirmada la verdad del sábado en la visión 13 que se le dio a Elena G. de White el 3 de abril de 1847 en el hogar de los Hnos.  Howland, en Topsham, Maine.  Esto es lo que escribió:

"Experimentamos un extraordinario espíritu de oración, y mientras orábamos el Espíritu Santo descendió sobre nosotros.  Estábamos muy felices.  Pronto perdí el conocimiento de las cosas terrenales y quedé arrobada en una visión de la gloria de Dios.  Vi un ángel que con presteza volaba hacia mí.  Me llevó rápidamente desde la tierra a la santa ciudad, donde vi un templo en el que entré.  Antes de llegar al primer velo, pasé por una puerta.  Ese velo se levantó, y entré en el lugar santo, donde vi el altar del incienso, el candelabro con las siete lámparas y la mesa con los panes de la proposición.  Después de ver la gloria del lugar santo, Jesús levantó el segundo velo y pasé al lugar santísimo.

"En él vi un arca, cuya cubierta y cuyos lados estaban recubiertos de oro purísimo.  En cada extremo había un hermoso querubín con las alas extendidas sobre el arca.  Sus rostros estaban frente a frente, pero miraban hacia abajo.  Entre los dos ángeles había un incensario de oro, y sobre el arca, donde estaban los ángeles, un resplandor sumamente luminoso que se semejaba a un trono donde moraba Dios.  Junto al arca estaba Jesús, y, cuando las oraciones de los santos llegaban a él, el humo del incienso surgía del incensario, y Jesús las ofrecía a su Padre con el humo del incienso.  Dentro del arca estaba el vaso de oro con el maná, la florida vara de Aarón y las tablas de piedra, que se plegaban la una sobre la otra como las hojas de un libro.  Jesús las abrió, y vi en ellas los Diez Mandamientos escritos por el dedo de Dios.  En una tabla había cuatro, y en la otra seis.  Los cuatro de la primera brillaban más que los otros seis.  Pero el cuarto, el mandamiento del sábado, brillaba más que todos, porque el sábado fue puesto aparte para que se lo guardara en honor del santo nombre de Dios.  El santo sábado resplandecía, rodeado de un nimbo de gloria.  Vi que el mandamiento del sábado no estaba clavado en la cruz, pues de haberlo estado, también lo hubieran estado los otros nueve, y 14 tendríamos libertad para violarlos todos, así como el cuarto.  Vi que, por ser Dios inmutable, no había cambiado el día de descanso" (Primeros Escritos, págs. 32, 33).

El ataque a la verdad del santuario

En el momento cuando algunos vieron claramente las demandas de la ley de Dios, y comenzaron a observar el sábado como día de reposo como ella lo requiere, encontraron una fuerte oposición.  Acerca de esto y las razones que los impulsaron, Elena G. de White explica:

"Se hicieron numerosos y fervientes esfuerzos para conmover su fe.  Nadie podía dejar de ver que si el santuario terrenal era una figura o modelo del celestial, la ley depositada en el arca en la tierra era exacto trasunto de la ley encerrada en el arca del cielo; y que aceptar la verdad relativa al santuario celestial implicaba el reconocimiento de las exigencias de la ley de Dios y la obligación de guardar el sábado del cuarto mandamiento.  En esto estribaba el secreto de la oposición violenta y resuelta que se le hizo a la exposición armoniosa de las Escrituras que revelaban el servicio desempeñado por Cristo en el santuario celestial" (El Gran Conflicto, pág. 488).

No es de extrañarse que los que en años subsiguientes apostataron de la Iglesia Adventista, usaran la verdad del santuario como punto de ataque.  Esto ocurrió con los pastores Snook y Brinkerhof, administradores de la Asociación de Iowa, que se apartaron de la iglesia a mediados de 1860 con D. M. Canright, pastor de influencia que dejó la Iglesia Adventista en 1887 para convertirse en su acerbo enemigo y crítico.  No es extraño que las ideas panteístas surgidas a comienzos de este siglo, expuestas y defendidas, tanto por médicos como por pastores, atacaran directamente esta doctrina fundamental.  En relación con esto Elena G. de White escribió palabras de advertencia el 20 de noviembre de 1905:

"A los médicos misioneros y pastores que han estado bebiendo de los sofismas científicos y las fábulas engañosas 15 contra los cuales habéis sido advertidos, os digo: Vuestras almas están en peligro.  El mundo debe saber dónde estáis parados y dónde están parados los adventistas del séptimo día.  Dios llama a todos los que han aceptado estos engaños destructores del alma a que no vacilen más entre dos opiniones.  Si el Señor es Dios, seguidle.

"Satanás con todas sus huestes está en el campo de batalla.  Los soldados de Cristo deben reunirse en torno del estandarte ensangrentado de Emmanuel.  En el nombre del Señor, dejad el estandarte negro del príncipe de las tinieblas, y ubicaos junto al príncipe del cielo.

" 'El que tiene oídos para oír, oiga'.  Leed vuestras Biblias.  Desde un terreno más elevado, bajo la instrucción que me ha sido dada por Dios, presento estas cosas delante de vosotros.  Está cercano el momento cuando los poderes engañosos de los instrumentos satánicos se desarrollarán plenamente.  De un lado está Cristo, a quien le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; del otro lado está Satanás, que ejerce constantemente su poder para seducir y engañar con poderosos sofismas de carácter espiritista, para alejar a Dios del lugar que debiera ocupar en las mentes de los hombres.

"Satanás se esfuerza constantemente por crear suposiciones fantásticas acerca del santuario, y degrada las maravillosas representaciones de Dios y el ministerio de Cristo para nuestra salvación en algo que satisfaga la mente carnal.  Elimina su poder rector de los corazones de los creyentes, y pone en su lugar teorías fantásticas inventadas para invalidar las verdades de la expiación, y destruir nuestra confianza en las doctrinas que hemos considerado sagradas desde que se dio el mensaje del tercer ángel por primera vez.  De ese modo extirpa la fe en el mismo mensaje que ha hecho de nosotros un pueblo diferente y que le ha dado significado y poder a nuestra obra" (Special Testimonies, Serie B, Nº 7, págs. 16, 17).

Mientras se desarrollaba la crisis panteísta, Elena G. de White, que asistía a una sesión del Congreso de la Asociación 16 General de 1905, pronunció palabras que son significativas para nosotros todavía hoy:

"En lo futuro se levantarán engaños de toda clase, y necesitamos terreno sólido para nuestros pies.  Necesitamos columnas sólidas para la edificación.  Ni un alfiler ha de ser quitado de lo que el Señor ha establecido.  El enemigo introducirá falsas teorías, tales como la doctrina de que no hay santuario.  Este es uno de los puntos que inducirán a algunos a apartarse de la fe. ¿Dónde podremos encontrar seguridad sino en las verdades que el Señor nos ha estado dando en los últimos cincuenta años?" (Counsels to Writers and Editors, pág. 53).

Elena G. de White declaró que las ideas panteístas tan fervientemente defendidas por algunos, "eliminarían a Dios" (Special Testimonies, Serie B, Nº 7, pág. 16), e invalidarían la verdad del santuario.

Aproximadamente por ese mismo tiempo, uno de nuestros pastores, a quien identificaremos como "pastor G", sostuvo la idea de que cuando Cristo regresó al cielo después de su ministerio en la tierra, fue a la presencia de Dios, y donde Dios está debe ser un lugar santísimo; por lo tanto, el 22 de octubre de 1844 no se produjo su entrada en el lugar santísimo del santuario celestial como creíamos y enseñábamos.  Estos dos conceptos, ambos contrarios a la doctrina del santuario que sosteníamos, indujeron a Elena G. de White a referirse varias veces a la solidez y la integridad de este punto de fe.  En 1904 escribió:

"Ellos [los hijos de Dios] no deben inducir a nadie a dudar de la personalidad distinta de Dios, o en cuanto al santuario y su servicio por medio de sus palabras o sus hechos.

"Todos necesitamos tener en mente el tema del santuario. Dios prohibe que la charla que procede de labios humanos cercene la creencia de nuestros hermanos en la verdad de que hay un santuario en el cielo, y que un modelo de ese santuario se construyó una vez en esta tierra.  El Señor desea que su pueblo se familiarice con ese modelo, teniendo en 17 mente el santuario celestial donde Dios es todo y está en todo.  Debemos mantener nuestras mentes vigorizadas por la oración y el estudio de la Palabra de Dios, de modo que podamos captar estas verdades" (Carta 233, 1904).

Puntos de vista sustentados solamente por el mal uso de las Escrituras

En 1905, al escribir especialmente de la obra que hacía el "pastor G" en el sentido de socavar la confianza en la verdad del santuario, Elena G. de White destacó la falta de solidez del uso que él hacía de la evidencia bíblica, y la certeza de nuestra comprensión de la verdad del santuario.  Esto es lo que dijo:

"Le he estado rogando al Señor que me dé vigor y sabiduría para reproducir los escritos de los testigos que fueron confirmados en la fe en los primeros tiempos del mensaje.  Después que pasó el tiempo en 1844, recibieron la luz y caminaron en la luz; y cuando se presentaron hombres que pretendían tener nueva luz, con sus maravillosos mensajes acerca de diversos puntos de las Escrituras, nosotros, por la operación del Espíritu Santo, teníamos testimonios precisos y apropiados, que anularon la influencia de tales mensajes, tales como el que el pastor G estuvo ocupado en presentar.* Este pobre hombre ha estado trabajando decididamente en contra de la verdad que ha confirmado el Espíritu Santo.

"Cuando el poder de Dios testifica en cuanto a lo que es verdad, esa verdad debe mantenerse para siempre.  No se debe dar cabida a ninguna suposición posterior contraria a la luz que Dios ha dado.  Se levantarán hombres con interpretaciones de las Escrituras que son la verdad para ellos, pero que en realidad no son la verdad.  La verdad para este tiempo nos ha sido dada por Dios como un fundamento para nuestra fe. 18

El mismo nos ha enseñado lo que es verdad.  Se levantará uno, y después otro, con una nueva luz que contradice la luz que Dios ha dado mediante la demostración del poder de su Espíritu Santo.  Todavía están vivos unos pocos de los que pasaron por la experiencia que logramos al establecer esta verdad.  Dios ha preservado bondadosamente sus vidas para que repitan y repitan hasta el fin de sus días la experiencia por la cual pasaron, así como lo hizo el apóstol Juan hasta el fin de su vida.  Y los portaestandartes que han fallecido, hablarán mediante la reimpresión de sus escritos.  Se me ha instruido en el sentido de que así se han de oír sus voces.  Han de dar testimonio de lo que constituye la verdad para este tiempo.

"No debemos recibir las palabras de los que vienen con un mensaje que contradice los puntos especiales de nuestra fe.  Reúnen una cantidad de versículos y los amontonan como pruebas en torno de las teorías que sostienen.  Eso se ha hecho vez tras vez durante los últimos cincuenta años.  Y al mismo tiempo que las Escrituras son la Palabra de Dios y deben ser respetadas, constituye un gran error su aplicación, si ésta mueve un puntal del fundamento que Dios ha sostenido durante estos cincuenta años.  El que lo hace no conoce la maravillosa demostración del Espíritu Santo que dio poder y fuerza a los mensajes del pasado que recibió el pueblo de Dios.
"Las pruebas del pastor G no son dignas de confianza.  Si se las recibiera, destruirían la fe del pueblo de Dios en la verdad que nos ha hecho lo que somos.

"Debemos ser decididos en este asunto, pues no son correctos los puntos que él trata de probar mediante las Escrituras.  No prueban que la experiencia pasada del pueblo de Dios fue un engaño.  Tuvimos la verdad; fuimos dirigidos por los ángeles de Dios.  La presentación del tema del santuario se dio bajo la dirección del Espíritu Santo.  Los que no participaron en la gestación de nuestra fe serán elocuentes si guardan silencio.  Dios nunca se contradice.  Las pruebas bíblicas están mal aplicadas si se las fuerza para testificar de lo que no es verdadero.  Se levantarán otro y otro más y 19 presentarán lo que pretendan que es gran luz y expondrán sus opiniones.  Pero nos mantenemos fieles a los hitos antiguos" (Mensajes Selectos, tomo 1, págs. 188 -190).

La realidad del santuario celestial afirmada

Repetidas veces encontramos en los escritos de Elena G. de White declaraciones acerca de la realidad del santuario celestial, su moblaje y su servicio.  Una de ellas fue escrita en 1880 cuando se refirió a la experiencia de los creyentes adventistas después del chasco:

"En su investigación descubrieron que el santuario terrenal, edificado por Moisés por mandato de Dios de acuerdo con el modelo que se le mostró en el monte, era un símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios, que sus dos lugares santos fueron figuras de las cosas celestiales; que Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote es ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre. . .
"El santuario celestial, en el cual Jesús ministra en nuestro favor, es el gran original, del cual el santuario edificado por Moisés fue una copia. . .

"El esplendor sin par del santuario terrenal reflejaba ante la vista humana las glorias del templo celestial donde Cristo, nuestro precursor, ministra por nosotros ante el trono de Dios.

"Así como en el santuario terrenal había dos compartimientos, el santo y el santísimo, hay dos lugares santos en el santuario celestial.  Y el arca que contiene la ley de Dios, el altar del incienso, y otros instrumentos de servicio que se encontraban en el santuario terrenal, tienen también su contraparte en el santuario de arriba.  En santa visión se le permitió al apóstol Juan entrar en el cielo y allí él contempló el candelabro y el altar del incienso, y cuando 'el templo de Dios fue abierto' vio 'el arca de su pacto' (Apoc. 4: 5; 8: 3; 11: 19). 20

" Los que buscaban la verdad encontraron pruebas irrefutables de la existencia de un santuario en el cielo.  Moisés hizo el santuario terrenal de acuerdo con el modelo que se le mostró.  Pablo declara que el modelo es el verdadero santuario que está en los cielos.  Juan testifica que lo vio en el cielo" (Spirit of Prophecy, tomo 4, págs. 260, 261).

Con anterioridad ella había escrito especialmente acerca del moblaje:

"También se me mostró en la tierra un santuario con dos departamentos.  Se parecía al del cielo, y se me dijo que era una figura del celestial.  Los enseres del primer departamento del santuario terrestre eran como los del primer departamento del celestial.  El velo estaba levantado; miré el interior del lugar santísimo del santuario celestial" (Primeros Escritos, pág. 252).

El arca y la ley en el santuario celestial

En diferentes ocasiones ella habló y escribió acerca del arca en el lugar santísimo del santuario celestial.  Una de esas declaraciones fue hecha en un sermón predicado en Orebro, Suecia, en 1886.

"Os amonesto: no coloquéis vuestra influencia contra los mandamientos de Dios.  Esa ley es tal como Jehová la escribió en el templo del cielo.  El hombre puede hollar su copia terrenal, pero el original se conserva en el arca de Dios en el cielo; y sobre la cubierta de esa arca, precisamente encima de esa ley está el propiciatorio.  Jesús está allí mismo, delante de esa arca, para mediar por el hombre" (Comentarios de Elena G. de White, Comentario Bíblico Adventista, tomo 1, pág. 1123).

En 1903 escribió nuevamente de la realidad del santuario celestial:
"Podría decir mucho acerca del santuario; del arca que contiene la ley de Dios; de la cubierta del arca, el propiciatorio; de los ángeles a ambos lados del arca; y de otras cosas relacionadas con el santuario celestial y con el gran día de la expiación.  Podría decir mucho acerca de los misterios del 21 cielo; pero mis labios están cerrados.  No siento inclinación para tratar de describirlos" (Carta, 253, 1903).

Los engaños de los últimos días tendrán que ver con verdades vitales

Es claro que nuestro adversario, Satanás, tratará de conmover la fe del pueblo de Dios en la doctrina del santuario en estos "últimos días".  Elena G. de White escribió:

"El Salvador predijo que en los últimos días aparecerían falsos profetas que arrastrarían discípulos tras sí; y también que los que en este tiempo de peligro debieran permanecer fieles a la verdad que está especificada en el libro de Apocalipsis, tendrían que enfrentarse con errores doctrinales tan sutiles que, de ser posible, engañarían a los mismos escogidos.

"Dios hará que todo sentimiento verdadero prevalezca.  Satanás puede jugar hábilmente el juego de la vida con muchas almas, y actúa de la manera más disimulada y engañosa para arruinar la fe del pueblo de Dios y desanimarlo. . . Obra hoy como lo hizo en el cielo, para dividir al pueblo de Dios en la última etapa de la historia de esta tierra.  Busca crear disensión, suscitar contención y discusión y quitar, si fuera posible, los antiguos hitos de verdad confiados al pueblo de Dios.  Trata de que parezca que el Señor se contradijera a sí mismo.

"Cuando Satanás se presenta como ángel de luz, atrapa almas en sus redes, engañándolas.  Hombres que pretenden haber sido enseñados por Dios adoptarán teorías falaces, y al enseñarlas adornarán de tal manera esas falacias que disimularán los engaños satánicos.  De esa manera Satanás se presentará como ángel de luz, y tendrá la oportunidad de hacer oír sus amenas fábulas.

"Tendremos que enfrentar a estos falsos profetas.  Se esforzarán por engañar a muchos, induciéndoles a aceptar falsas teorías.  Muchos pasajes de las Escrituras serán mal aplicados de tal manera que en apariencia esas teorías engañosas estarán basadas en las palabras que Dios ha hablado.  Se apropiarán de la preciosa verdad para sostener y establecer 22 el error.  Estos falsos profetas, que pretenden ser enseñados por Dios, tomarán preciosos pasajes de las Escrituras que han sido dados para adornar la verdad, y los usarán como vestiduras de justicia para cubrir teorías falsas y peligrosas.  Y aun algunos a quienes en tiempos pasados el Señor honró, se apartarán tanto de la verdad que defenderán teorías erróneas concernientes a muchos aspectos de la verdad, incluso la cuestión del santuario" (Manuscrito  11, 1906 [la cursiva es nuestra]).

Pocas semanas después ella añadió estas palabras acerca de la importancia de la correcta comprensión de esta verdad: "Sé que la cuestión del santuario, tal cual la hemos sostenido durante tantos años, está basada en la justicia y la verdad.  El enemigo es quien desvía las mentes.  Le agrada cuando los que conocen la verdad se dedican a coleccionar textos para amontonarlos en derredor de teorías erróneas, que no tienen base en la verdad.  Los pasajes de la Escritura así empleados están mal aplicados; no fueron dados para sostener el error sino para fortalecer la verdad" (Obreros Evangélicos, pág. 318).

Con los ojos fijos en el santuario

En ningún momento debemos perder de vista la importante obra que se está haciendo en nuestro favor en el santuario celestial.  Se nos amonesta:

"Como pueblo, debemos ser estudiantes fervorosos de la profecía; no debemos descansar hasta que entendamos claramente el tema del santuario, que ha sido presentado en las visiones de Daniel y Juan.  Este asunto arroja gran luz sobre nuestra posición y nuestra obra actual, y nos da una prueba irrefutable de que Dios nos ha dirigido en nuestra experiencia pasada.  Explica nuestro chasco de 1844, mostrándonos que el santuario que había de ser purificado no era la tierra, como habíamos supuesto, sino que Cristo entró entonces en el lugar santísimo del santuario celestial, y allí está realizando la obra final de su misión sacerdotal en cumplimiento de las palabras del ángel comunicadas al profeta 23 Daniel: 'Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana; y el santuario será purificado'.

"Nuestra fe con referencia al mensaje del primero, el segundo y el tercer ángeles era correcta.  Los grandes hitos por los cuales hemos pasado son inconmovibles.  Aun cuando las huestes del infierno intenten derribarlos de sus fundamentos, y triunfar en el pensamiento de que han tenido éxito, no alcanzarán su objetivo.  Estos pilares de la verdad permanecen tan incólumes como las montañas eternas, sin ser conmovidos por todos los esfuerzos de los hombres combinados con los de Satanás y su hueste.  Podemos aprender mucho, y debemos estar constantemente escudriñando las Escrituras para ver si estas cosas son así.  El pueblo de Dios ha de tener ahora sus ojos fijos en el santuario celestial, donde se está realizando el servicio final de nuestro gran Sumo Sacerdote en la obra del juicio, donde él está intercediendo por su pueblo" (El Evangelismo, pág. 166).

Ese librito

Exceptuando unas pocas notas de pie de plana y las preguntas de estudio que siguen a cada capítulo, los materiales presentados a continuación son exclusivamente de la pluma de Elena G. de White y consisten principalmente en capítulos de Patriarcas y Profetas y El Gran Conflicto, con algunos materiales que los vinculan extraídos de varios escritos publicados de Elena G. de White.  En cada caso se da la fuente.  Como la mayoría de los lectores debe tener a mano los libros de Elena G. de White, nos ha parecido innecesario aquí, donde la brevedad es deseable, incluir porciones de capítulos que no están directamente relacionados con este tema: Cristo en su santuario.- Los Fideicomisarios de los Escritos de Elena G. de White. 24
 




  

 
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